Puertollano

La tradición se mantiene a pesar del próximo cierre de la última explotación

Santa Bárbara vuelve a procesionar en Asdrúbal como homenaje a la minería de Puertollano

Mariano Mondéjar, único sacerdote representativo de la minería local que aún oficia esporádicamente, se encargó de la misa que precedía a la tradicional procesión

La Comarca

04/12/2017

(Última actualización: 05/12/2017 09:21)

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Como cada domingo antes de la festividad de Santa Bárbara, y a pesar del declive minero, la barriada de la Mina de Asdrúbal en Puertollano celebraba a la patrona de los mineros, que dieron origen a su existencia, para retornar a un pasado donde el carbón presidía la economía local.

Según ha informado Julián Ocaña, Mariano Mondéjar, sacerdote icono de la minería local que aún oficia esporádicamente en la ciudad, se encargó de una misa en honor a Santa Bárbara en la que cantó la Agrupación Folclórica Virgen de Gracia.

Pero sin duda, lo más esperado de la programación fue la procesión alrededor de la ermita a cuyo término se ofreció una serie de aperitivos acompañados de unas migas manchegas como plato principal.

A continuación, y dado su interés, les ofrecemos el reportaje de la celebración de Santa Bárbara en Asdrúbal que Eugenio Blanco realizó para nuestro periódico hace una década, allá por el año 2007:

Todos los domingos antes de Santa Bárbara la barriada de Asdrúbal celebra el homenaje a la patrona de los mineros. Es buen momento para que la barriada retorne al pasado y vuelva a ser visitada como un territorio heroico. Porque Asdrúbal representa un tiempo feliz, así es, porque todos los entrevistados recuerdan los calles del barrio como si las estuvieran viendo, se ven a ellos mismos, niños o treinta años más jóvenes, hablando de lo que era tener “una familia de verdad”.

En el Día de Santa Bárbara muchos de los antiguos habitantes del barrio vuelven a Asdrúbal, y parece que llevan el gesto de quien no quiere marcharse. Entran a la iglesia, en ese recorte irreal, en esa pieza que parece haber sido extraída de una serie de dibujos animados, con una ilusión infantil y salen pensado que, después de todo, treinta años no es tanto, si la infancia te ha ido acompañando como una sombra amiga.

Asdrúbal es resultado de las explotaciones de Peñarroya. Una empresa francesa se hizo cargo de las mismas y empezó a gestar la barriada al tiempo que ponía en marcha la explotación. Allí, en Asdrúbal, estaban las oficinas centrales. A orilla de las oficinas se comenzó a construir una hilera de casas donde llegaron a vivir más de un centenar de familias.

Recuerda el párroco de la barriada, Mariano Mondéjar, que las celebraciones en Asdrúbal estaban repletas. “Todos íbamos a los cumpleaños de todos, todos estábamos al lado de todos”, esto comenta el que fuera cura de la barriada durante más de quince años, mientras come migas y nos invita a un trago de vino fresco que cae de la bota como si cayera de una fuente.

Le preguntamos por el barrio, por la iglesia, por si la dilapidarán. “Esperemos que podamos mantener al menos la tradición, la iglesia puede permanecer, lo deseable es que se hiciera un parque o algo similar rodeando la planta del edificio, sería una pena echar abajo una iglesia tan antigua y que conlleva tantos recuerdos para una sociedad sea derrumbada”. Las palabras del párroco dan casi por sentado que a la barriada, que a los restos de la barriada, no le falta mucho para caer definitivamente en el olvido.

Durante la misa tradicional, Mariano Mondéjar, como todos los años, ha leído la lista de los muertos durante este año. No se ha limitado únicamente a leer el rosario de muertos, sino a ir explicando quiénes eran, dónde vivía, como esa “señora gruesa que tenía un hijo un poco retrasado y que vivía en la esquina”. Con todas esas referencias, los asistentes a la misa asienten y, si cabe, vuelven a rememorar el tiempo del barrio con más intensidad. “Antes las puertas del barrio estaban siempre abiertas”, dice un hombre después de la misa. Lo dice con orgullo y con resignación.

Levantar el pasado

Hablamos con Julián, un niño de la barriada. Señala dónde estaba su casa, señala su casa: ahora una edificación ajada, piezas de una demolición. Recuerda sus correrías de niño. Por ejemplo, cuando se saltaban a las instalaciones de los jefes y les quitaban los aros de las canastas y los amarraban en los árboles, así como una red de tenis. “Claro, qué íbamos a hacer, no teníamos nada…”

Recuerdan el economato, los vagones, el arroyo siempre oscuro. Así, como lo inaccesible que eran las chicas francesas, las hijas de los jefes, que eran algo así como ninfas intocables, “vivían en otro mundo, estábamos al lado, pero era imposible relacionarse con ellas”. Las imagina uno perfumadísimas y repipis, esperando a su profesor particular en la puerta, mientras los niños iban a la escuela y pensaban en hacer diabluras.

Desde los años cuarenta hasta los setenta el barrio fue un “barrio envidiable”. Eso, al menos, es lo que nos dicen sus habitantes que se han reunido para pasear a su patrona, a una entalla de Santa Bárbara que la mueven y la contonean con vítores entre las ruinas del barrio. A partir del año 75 Asdrúbal se fue deshabitando.

Hay que decir que este ritual tiene algo de forzamiento, pasear a la virgen entre los matojos y las pocas casas que resisten el hundimiento perfila mucho más la tristeza que ocasiona el barrio.

Pero ellos la mueven con garbo y unos muchachos hacen silbar unos cohetes en homenaje a la patrona. El domingo de diciembre se ha presentado azulón y la explanada donde se encuentra la iglesia hay un buen número de vehículos aparcados, “viene mucha gente a celebrar este día, incluso gente que vive en otras ciudades, es una manera de reencontrarse con su barrio y con la gente de su infancia”, resuelve Mariano Mondéjar.

Perdurar

La quietud de la barriada es extensa. La brisa sólo sopla cuando los niños quieren volar la cometa o corretear por allí, los números de las casas no van de dos en dos, no hay filas de par y filas de impar, los números siguen su secuencia lógica. Muchas casas tienen en su puerta de entrada una pegatina de una empresa de seguridad. Da igual que la casa esté en ruinas. Parece un símbolo: los vecinos de Asdrúbal quieren proteger sus recuerdos, y no tanto sus partencias, ya exiguas y erosionadas por el cambio de época.

La mañana de diciembre dibuja cielos pasmados, huele a verano, aunque sea invierno, y a gotas de fuel oil, la calima centellea en el horizonte, en el horizonte danzan los humos de la fábrica. Estamos sobre suelo minero. Suena un cante minero hacia la patrona, no queda silenciado porque hay mucha gente que lo queda para su ideario íntimo.