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Un "Encuentro de los Sentidos" en la ruta seminocturna por la localidad cordobesa de Belalcázar

25 senderistas comenzaron su recorrido en el Convento de Santa Clara de la Columna, recorrieron la localidad donde conocieron el Pósito del siglo XVI, Iglesia parroquial de Santiago Apóstol y el castillo

Pilar Monescillo Castellanos

14/07/2017

(Última actualización: 19/07/2017 17:20)

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Quedamos a las 5 de la tarde para salir en esta ocasión rumbo a las tierras andaluzas de Belalcázar (Córdoba). La temperatura va a acompañar en esta tarde de verano, cálida pero con viento fresquito, muy agradable. Seremos 25 senderistas los que podremos disfrutar de este “Encuentro de los Sentidos”.

Tras casi dos horas de viaje llegamos al pueblo aun con tiempo para tomar un refresco fresquito y estirar las piernas hasta las 20 horas, en que tenemos cita para iniciar el recorrido programado, guiado y amenizado por músicos y actores que encarnaran a los protagonistas de la historia de los Condes de Sotomayor y Zúñiga.

El punto de encuentro es el Convento de Santa Clara de la Columna. La guía, muy conocedora de la historia y muy comprometida con las monjas que en este momento habitan el convento, nos transmitirá el conocimiento de un momento histórico vivido dentro de los muros de este lugar, conservado perfectamente gracias a las monjas clarisas, de clausura, entregadas a la oración, a la elaboración de dulces y a la conservación y restauración de este hermoso edificio, que se mantiene habitado desde su fundación en 1476 por Doña Elvira de Zúñiga como monasterio de frailes de la orden franciscana, y tras su muerte en 1483, se convirtió en cenobio femenino. Este convento, nos comenta la guía, es la segunda obra religiosa en importancia en la Provincia de Córdoba tras la Mezquita.

Accedemos a un primer patio en el que se encuentra la iglesia de estilo gótico tardío Reyes Católicos. Nos recibe el personaje de D. Gutierre de Sotomayor, hijo de la fundadora, Dª Elvira de Zúñiga, que se hizo religioso, dejando la regencia a su madre hasta la mayoría de edad de su hermano Álvaro, que tomaría el título de Conde de Sotomayor, como Gutierre III.

En la puerta de entrada a la iglesia y a ambos lados, los escudos de Zúñiga y Sotomayor y el presbiterio con las figuras de Santa Clara y las decapitadas de Cristo y La Magdalena. La Iglesia, de nave única con bóvedas de crucería, cuenta en el altar mayor con la imagen de Santa Clara; la bóveda central de crucería y policromada con los escudos de los Condes, en la parte posterior el coro, rehabilitado recientemente y usado como sala de exposiciones.

De la iglesia, por una puerta lateral, entramos a uno de los claustros. Nos recibe Dª Elvira de Zúñiga, vestida de riguroso luto sentada al lado del pozo, y rodeada de naranjos. Nos cuenta de su historia, su matrimonio, sus hijos y como creó este convento como cenobio para las mujeres de su familia.

El claustro está diseñado con galerías a dos alturas, realizado en granito bellamente trabajado, arcos, columnas y celosías; los techos de artesonado policromado aún conservan los colores originales. Este claustro da acceso a las celdas o dormitorios de las monjas, al Refectorio con techo de madera policromada, en el que se celebra el día la Inmaculada un desayuno con dulces conventuales, para dar a conocer los productos elaborados por la clausura y la venta de los mismos.

Llaman la atención por su belleza los techos de las salas del dormitorio grande en forma de quilla de barco y el artesonado de la sala de enfermería, muy bien conservadas y restauradas. Son salas destinadas en la actualidad a exposiciones.

Aprovechamos la ocasión para comprar unos ricos dulces elaborados por las monjas, y colaborar en la conservación y mantenimiento de este edificio por el que la historia ha pasado dejando sus marcas, pero sin perder el silencio, las formas de sus estancias y el fin para el que fue creado, la oración y el culto.

Seguimos la visita en el pueblo y sus calles, que a estas horas, las 22 horas, y con una luna llena esplendida, está lleno de vida. Sus vecinos descansan y se animan en plazas y veladores, mientras personas que llegamos de diferentes lugares paseamos por sus calles para conocer su historia y patrimonio.

Llegamos al Pósito, datado en el siglo XVI. El edificio está construido a una altura elevada de la calle para preservar de la humedad el grano. El techo abovedado, con bóveda de cañón y arista, realizado en ladrillo rojo y colocado sobre columnas de granito, permitían conservar el grano, aceite y vino durante el tiempo de invierno. En la actualidad está destinado como edificio municipal, casa de la cultura. También aquí nos recibe Dª Elvira, que nos cuenta cuan dura fue la vida de gestionar sin marido y siendo regenta de sus hijos el patrimonio de la casa del Conde de Sotomayor.

Pasando la plaza del Ayuntamiento, llegamos a la Iglesia parroquial de Santiago Apóstol, de gran porte, data del 1272, aunque no fue terminada hasta el siglo XVII. De portada barroca, con un gran campanario inacabado y contrafuertes laterales que sobrepasan la altura del tejado del templo, a su espalda y abrigo nos encontramos en la pequeña y aromatizada (por una madreselva) plaza de D. Sebastián de Benalcázar, conquistador de Ecuador y fundador de la ciudad de Quito. Tras conocer su historia, nos regalan los oídos instrumentos de cuerdas, violín y guitarra, con unas notas acordes a la época que concurrieron las conquistas.

Finalmente nuestro recorrido nos pone de frente al Castillo de los Condes de Belalcázar. Fortaleza de estructura cuadrangular, de altos muros y recortada por ocho torres, es sorprendente la torre del homenaje de 47 metros de altura y recortada en sus esquinas por garitas cilíndricas.

El castillo, que data de la segunda mitad del siglo XV, se llevó a cabo una vez Don Gutierre de Sotomayor, maestre de Alcántara, tomó posesión de la fortaleza en 1445, tras serle donada por el rey Juan II.

A continuación, algunos actores nos representan una escena en la que dan vida a los personajes de la historia.

Y para terminar la visita, un pequeño recital de jóvenes músicos de violín y flauta, en un auditorio enclavado en el punto más elevado del pueblo y con vistas al castillo, majestuoso e inexpugnable. El silencio de la noche, la luz de una luna llena de verano, y la historia, nos dejan un regusto para volver a este pueblo y conocer más de su rico patrimonio histórico y cultural.

Unas cervecitas frescas y unas tapas en la plaza del Ayuntamiento nos reponen del intenso paseo antes de regresar a casa. Buenas noches y hasta la próxima cita, que seguro volverá a ser tan interesante como esta y tantas otras compartidas. Saludos. Nos encontramos en el camino.