Puertollano

Artículo extraído del extra de las fiestas patronales de La Comarca de Puertollano

Bares y lugares: El sabor de las verbenas en Puertollano

Mayte González-Mozos

04/09/2016

(Última actualización: 04/09/2016 23:15)

Imprimir

Muchos de mi generación vivimos nuestra juventud como una carrera al borde de un desfiladero, con audacia; supongo que lo daba el momento. Algunos resbalamos, y demasiados se cayeron, pero a todos los que optamos o nos vimos obligados a estas maneras de vivir, nos acompañó el rock como banda sonora.

De nuestra primera juventud me viene a la memoria orquestas que tocaban en nuestra ciudad, como Los King Boys, Los Teatinos, Tomás Flores, Alphonso King, Venus, Julián Camacho y… Los Beatles de Cádiz. Aún nos estaba prohibida la entrada a lugares como las casetas feriales, o El Goya, lugar situado en la calle del mismo nombre. Fue en las verbenas de los barrios, y subidos a efímeros escenarios, donde presenciamos actuaciones que versionaban temas, imitaban estéticas y bailes de moda que solo en T.V. podíamos ser testigos.

Así que de verbenas nos íbamos. La primera para San Antonio, en la calle Aprisco donde el insigne Josito desplegó tanta genialidad durante años, incluso antiguamente con carrozas. Y su altar de San Antonio, al que al piqueteo de su campana pocos se resistían. Allí, a la altura de la intersección con la calle de Las Cañas donde la calle Aprisco se estrecha y la casa que sobresale fue carnicería, y posteriormente la tienda de tejidos del bueno de Antonio El Andaluz, a partir de allí los geranios estallaban entre rejas de ventanas, que unidas con guirnaldas y con el aire andaluz de portales y gentes, nos embriagaba el corazón y nos anclaba una esperanza en las ya cortas noches de junio, para el largo verano que nos esperaba. Las actuaciones las recuerdo en la Plaza Chica; o de La Tercia, donde escuchamos el viejo tema rockero “Zapatos de gamuza azul” con letra en español. A esta verbena le seguía la de San Juan en las Seiscientas, con su singular tómbola, para la cual la señora Armonía y otras, recopilaban artículos en comercios. Los botellines de su gran chiringuito junto al escenario, nos ponía algo más que rock en las venas. Creo que fue en esta verbena donde vimos por primera vez al Lolo, iba vestido de novia con un séquito de chavales y causando gran revuelo. En mi barrio de Las Trescientas, se celebró verbena en la plaza de San José, para San Cristóbal, hasta que por un altercado, junto con el desenfreno alrededor del templo, el párroco D. Jesús prohibió la celebración; al menos se comentó que ese fue el motivo. Recuerdo el abatimiento que nos producía la mañana del lunes, cuando subidos en escalera los operarios desmontaban, farolillos, bombillas de colores y casetas, y a nuestros pies caían banderitas y banderines; como restos de un naufragio que nos encogía el corazón. Mientras nosotros aún escuchábamos la orquesta, de la que no recuerdo su nombre, entonando “Black is Black”. En mi memoria está el aliento empalagoso de los churros, el polvo del suelo de tierra pegado al sudor veraniego, el repertorio musical incluidos los pasodobles, en fin; el sabor de las verbenas. Después se celebraban la del Carmen sobre el 15 julio, primeros de agosto las del Villar, la de Asdrubal, la del Poblado, etc. Por último la de Santa Ana en la plaza de los Salesianos, la recuerdo por sus actuaciones, hasta de teatro con el grupo Enea. Y porque allí vimos por primera vez a un travesti, según decían, a La Yoli recién venida de Barcelona y donde escuchamos “La chica de ayer”.

Alguien dijo que una ciudad se descubre en sus barrios. Nosotros la descubrimos en sus verbenas y con versiones musicales rockeras. Y así seguimos adelante, «botes que reman contra corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado».