Opinión

Artículo opinión Isidro Sánchez, integrante de la candidatura a primarias de IU Ciudad Real

Democracia de baja calidad

Isidro Sánchez Sánchez

17/12/2014

(Última actualización: 18/12/2014 10:31)

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Hay autores que afirman, como el profesor Vicenç Navarro, que la prosperidad económica, cuando la había, ha tenido íntima relación con una democracia de baja calidad, por una serie de razones como, por ejemplo, la ley electoral. A pesar de que en principio el fin era bueno –se intentó evitar un Parlamento muy fragmentado–, el resultado ha sido un bipartidismo asfixiante. En muchos aspectos los grandes partidos han dejado de ser asociaciones garantes de la voluntad ciudadana para pasar a ser elementos autocomplacientes, con elevados niveles de corrupción y la utilización frecuente de la mentira.

Han dominado la vida política, los procesos electorales y, por tanto, el Parlamento. Y lo han hecho gracias a la utilización de grandes medios, tanto económicos como administrativos. Ha sido posible gracias a sabrosas subvenciones económicas –tanto a los partidos como a las fundaciones dependientes–, a la utilización de listas cerradas y bloqueadas, a las condonaciones de deudas por la banca, a los espacios gratuitos en los medios... Además, en una partitocracia intensa, han controlado la designación de los miembros de instituciones como el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas y otros.

En buena medida ya no representan a la sociedad ni buscan el provecho de los electores, de los sectores de la sociedad más desfavorecidos. Se dedican, más o menos, a preservar sus propios intereses y los de la oligarquía económica y financiera, que sin ser elegida por nadie impone su voluntad por medios muy diversos.

El ejercicio de todo ese poder ha generado, según afirmaba el periodista Javier Pradera en un magnífico libro –Corrupción y política. Los costes de la democracia–, una gran desconfianza de los ciudadanos hacia los políticos, cuyas causas hay que buscar “en el recurso frecuente a la mentira y en el incumplimiento habitual de las promesas”. Pradera lo escribió en 1994, lo guardó en un cajón y tras su muerte su viuda lo ha dado a la edición, de manera que ha aparecido en 2014 pero con una actualidad rabiosa y las sucesivas encuestas del CIS muestran a las claras la desafección.

Pero todo ese poder político, como indica el periodista Ignacio Ramonet, que fue director de Le Monde Diplomátique, en su obra La Tiranía de la comunicación, queda relegado frecuentemente a un tercer lugar, detrás de los poderes económico y mediático. Esa democracia de baja calidad tiene que ver con unos poderes fácticos muy fuertes, sobre todo económicos. En ese sentido es preciso recordar que las empresas que dominan la actividad económica y un buen número de grandes medios culturales e informativos están controlados por los insaciables herederos financieros que apoyaron al franquismo, reunidos en gran medida en el IBEX35. O dicho de otra forma, el poderío económico que mangoneó durante los cuarenta años de dictadura han seguido manejando a sus anchas durante los casi cuarenta de democracia. Es decir, se puede afirmar que hay una democracia política, elemento importante en una España con dos dictaduras en el siglo XX, pero que no se ha completado con una democracia económica y social.

Sin embargo, tras el terremoto político y social iniciado con el 15M, vivimos un vertiginoso 2014, con significativos retos en el país. Conocemos cambios importantes y creo que vamos hacia una segunda transición. El régimen del 78 está moribundo, como muestran los resultados de las elecciones europeas, la reducción del bipartidismo, la propia abdicación del Rey o la desaparición de capitalistas importantes. Vamos a ver una serie de cambios que seguramente certificarán esa muerte y se construirá una segunda transición. Veremos si llega con ruptura, como quieren sectores sociales y políticos a la izquierda, o producto del continuismo, con más de lo mismo, como desean oligarquías económicas y grandes partidos del turno. Es una incógnita en los tiempos revueltos e intensos que vivimos.

Isidro Sánchez Sánchez