Ad Nauseam

Félix Calle

08/10/2014

(Última actualización: 09/10/2014 12:30)

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Ya tenemos aquí el penúltimo escándalo bancario: Las Tarjetas Negras de Caja Madrid. No vayamos a sorprendernos del color, ya que en todo momento y acto debe imperar la estética y aquí las tarjetitas hace juego con dinero negro y caja negra, ésta última, para los despistados, nada que ver con elemento tecnológico alguno de la aeronáutica. La estética y la ética, parecidas pero no siempre van unidas.

No soy experto en Historia de la Economía, pues tampoco es mi especialidad, pero abusando de su paciencia y de la amistad que algunos lectores me profesan me permito exponer un documento histórico que viene al pelo.

La Taula de Canvis, algo así como la Tabla de Cambio, apareció en el reinado de Jaime I el Conquistador cuya legislación bancaria recogía algunos artículos de interés. Por ejemplo, el 13 de febrero de 1300 se establecía que cualquier banquero que se declarara en bancarrota seria humillado por todo el pueblo, por un voceador público y forzado a vivir en una estricta dieta de pan y agua hasta que devolviese a sus acreedores la cantidad completa de sus depósitos.

Años más tarde, el 14 de agosto de 1321 se estableció que aquellos banqueros que no cumpliesen inmediatamente sus compromisos, se les declararía en bancarrota y si no pagasen sus deudas en un plazo de un año, caerían en desgracia pública, lo que sería pregonado por voceros por todo el pueblo. Inmediatamente después, el banquero sería decapitado directamente enfrente de su mostrador y sus propiedades vendidas localmente para pagar a sus acreedores.

Que esto se llegaba a cumplir no es discutible, pues hay fe documental de que el banquero Francesc Castelló, fue decapitado directamente frente a su mostrador en 1360, en estricto cumplimiento de la ley.

Desde entonces a hoy nos hemos vuelto más humanos, educados, pacíficos y claro, establecer una ley semejante no entraría ni con calzador en nuestro Ordenamiento Jurídico. Pero algo hay que hacer, digo yo, porque si no castigamos a los ladrones de cuello y guante blancos, seríamos cómplices de incentivar éstas prácticas criminales y más de uno considerar que es más rentable ser mafioso que manifestante.

Por cierto, el latinajo que encabeza éste artículo viene a decir algo así como Hasta el hastío.