Cultura

Compartiendo diálogos conmigo mismo

No dejes que se muera el día sin que espigue la pasión

La Comarca

22/03/2014

(Última actualización: 23/03/2014 21:11)

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Somos caminantes de un camino sin retorno.

Hemos de recorrerlo cada cual consigo mismo.

Junto a los demás la aventura es más llevadera.

Si quieres alcanzar el horizonte, camina unido.

Y si también aspiras a ser verso, se tú la poesía.

La belleza está en la sonrisa vertida cada día.

En la mirada que acaricia, en los ojos que besan.

En el sol recibido y en la llama que donamos.

En la verdad que no neguemos y que reunamos.

En la suma vivida y en lo que nos resta por vivir.

Lo admirable es que el ser humano no desista.

Que continúe creciendo por la vereda del tiempo.

Que siga recreándose ante el soplo de un instante.

Que persiga la autenticidad como pulso de su vida.

Que prosiga en la pausa del verso con toda el alma.

Llegado a este celeste paisaje, todo es eterno.

Atrás queda el universo y sus circunstancias.

Igualmente las apariencias y sus semblantes.

Hay que despojarse de túnicas que no dejan ser.

La inmortalidad llega por la vía del espíritu.

Entrégale, pues, a tu vida la experiencia del yo.

Y a tu corazón que palpita, el de la tolerancia.

La compasión estimula a una bondad hacia sí

y hacia los demás, que nos renace y nos renueva.

Renovados por el amor, el amor nos sublima.

No dejes que se muera el día sin que espigue

en el corazón el entusiasmo por entregarse,

hasta sentir en el gozo del otro tu propio gozo.

Más allá de no perder de vista unos a otros,

seamos un único latido, para volvernos mundo.

Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

13 de marzo de 2014