Puertollano

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Yo estuve allí: El campo de futbol de Calvo Sotelo, el Cerrú

Eduardo Martínez fue concejal de Planificación, Urbanismo y Medio Ambiente en el ayuntamiento de Puertollano desde junio de 1995 hasta noviembre de 2000 (5 años 6 meses)

Eduardo Martínez

13/02/2014

(Última actualización: 13/02/2014 20:43)

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En artículos pasados me detuve en contar mi experiencia en obras y proyectos que, con el tiempo, se han convertido en señas de identidad de nuestra ciudad, como el Castillete del Pozo de Santa María, la recuperación del Reloj de Flores, las palmeras del Paseo o el Puente de San Agustín. Ahora me gustaría contar mi participación en la cesión al Ayuntamiento de Puertollano del Campo de futbol de Repsol, que todos conocemos como “el Cerrú” en donde tiempo atrás jugó el mítico Calvo Sotelo.

Del viejo Cerrú ya solo nos queda el arco de acceso y los recuerdos y no puedo, ni quiero hablar de las obras del nuevo campo de futbol realizadas en los días de vino y rosas que, hace escasamente cinco años, se vivían en Puertollano, pues en este caso yo no estuve allí y lo realizado difiere mucho de las reflexiones que habíamos compartido 10 años antes. En cambio creo que puedo narrar algunos detalles de cómo el Ayuntamiento de Puertollano logró la titularidad, la propiedad, de algunas edificaciones de Repsol en el Poblado entre ellas las instalaciones del campo de futbol “El Cerru”.

En el pasado, Repsol había colaborado con el Ayuntamiento, realizando a mediados de los años 80, una remodelación integral de las calles, jardines, alumbrado, y redes de agua potable y saneamiento del Poblado de forma previa a la cesión de la urbanización al Ayuntamiento. Y curiosamente yo, desde la barrera, mucho antes de entrar en política, había sido muy crítico con la cesión al Ayuntamiento que Repsol hizo de las zonas verdes del Poblado.

Esas zonas verdes, lo eran de por vida, eran de uso público y de propiedad privada, no se podían recalificar, y la empresa petrolera, en aquel entonces EMP, estaba obligada a mantenerlas, de hecho durante años realizó un buen mantenimiento como se acredita en los no pocos álbumes fotográficos de boda realizados por los puertollaneros en la década de los años 80, álbumes que fueron mayoritariamente realizados en los jardines del Poblado que Repsol, pues en aquel momento, por su estado de conservación, se convertían en un precioso y florido marco fotográfico en el que inmortalizar a cientos de parejas recién casadas.

Y lógicamente el Ayuntamiento no tenía los mismos recursos para mantener aquellos jardines con el mismo nivel que lo había hecho la empresa. Era pues previsible que al ser asumidos por el Ayuntamiento y con la exigua plantilla que existía entonces y los aún más escasos medios, se produciría el progresivo deterioro de unos jardines acostumbrados al mimo y riego diario.

Pero volvamos al futbol, acababa el verano de 2006, y los técnicos del Área de Deportes del Ayuntamiento hablaban del riesgo de sobreexplotación del campo de hierba del estadio municipal de Puertollano, bautizado más tarde como Estadio Sánchez Menor, Y ello debido a la gran la cantidad de partidos de fútbol que estaba previsto jugar en su césped. Imagino que hoy ese riesgo se habrá diluido, ahora tenemos varios campos, de hierba natural y de hierba artificial, grandes y pequeños.

En ese año 2006 estábamos ejecutando los campos de arena anexos al estadio y al pabellón polideportivo, pero las obras se habían retrasado ante la necesidad de realizar un drenaje adecuado para evitar los habituales encharcamientos que producía la cercanía al lago de los Patos. Por cierto unos campos de arena sobre los que después, en el año 2000, se pondría hierba artificial con un coste de 230.000 euros.

En esas fechas, los técnicos municipales también estaban preocupados por el retraso en las negociaciones entre el ayuntamiento de Puertollano y el Club Recreativo Repsol para la utilización del campo de Repsol. En temporadas anteriores el Ayuntamiento pagaba 1.200 euros (200.000 pesetas) mensuales al Club Recreativo Repsol por la utilización de su campo, asumiendo además su mantenimiento. Pero ese acuerdo era insostenible, muchos pensábamos que procedía la cesión total del campo al ayuntamiento para que no se perdiese, para que no se deteriorase pues ya empezaba a encontrarse en un estado de aparente abandono.

La decisión estaba tomada, lo intentaríamos y aunque en esos momentos en el Ayuntamiento de Puertollano no teníamos dinero, entendíamos que necesitábamos terrenos en los que planificar una nueva gran área deportiva que se sumase a las instalaciones de la calle de la Copa y de la Calle Malagón.

En aquella época, junto con el Alcalde Casimiro Sánchez y Antonio Rodríguez, en aquella época Concejal de Cultura y Deportes, y también con el partido, pensábamos que el campo del Cerrú sería un lugar idóneo para concentrar futuras instalaciones, una nueva piscina, pistas de tenis para liberar las saturadas pistas de la calle de la Copa, canchas polideportivas, campos de tierra para futbol base, reduciendo urbanizaciones y sobretodo compartiendo mantenimientos y personal. ¡Qué lejos queda todo aquello!.

En el departamento de Urbanismo sabíamos que Repsol había decidido mover ficha en materia urbanística, pues ya había enajenado algunas propiedades históricas como el economato y estaba negociando con algunos empresarios otras propiedades.

Conocíamos que Repsol había alcanzado un preacuerdo con e! empresario de Puertollano, José Cabañas para reconvertir la antigua Residencia de Ingenieros en una residencia de ancianos y para ello eran necesarias las bendiciones del departamento de Urbanismo. Y por otro lado conocíamos que había un acuerdo prácticamente cerrado entre Repsol y unos empresarios locales para la venta de la antigua clínica de la empresa, en la Avenida de Andalucía, para instalar una clínica privada, Eso era bueno para Repsol, pero también era bueno para Puertollano, pues se generaban nuevas actividades productivas y generadoras de empleo en edificios abandonados. Yo había estudiado el Plan General de Ordenación del Poblado y sabía que en breve la oportunidad acabaría presentándose, pues Repsol necesitaba del Ayuntamiento.

En este contexto en junio de 1997, y dentro de las habituales conversaciones que en esa época provocaba el abastecimiento de agua, se produjo una toma de contacto, primero, mediante una conversación telefónica, y después en una reunión en la que acompañé al Alcalde con el secretario de Repsol Petróleo, Juan Antonio Ortega y Díaz Ambrona, en la que pudimos constatar que la empresa solo estaba dispuesta a la cesión del campo de fútbol a cambio de algunas contrapartidas, como la modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), junto al lES "Galileo Galilei, para permitir la construcción de una mediana superficie comercial, ¡vamos un supermercado!.

En el departamento de urbanismo ya habíamos confirmado internamente que la recalificación para uso comercial de la zona contigua al instituto, quedaba compensada con la zona deportiva del campo de fútbol (que la empresa debería ceder al municipio). En este caso, no habría problema legal y el Ayuntamiento saldría ganando porque convertiríamos una zona deportiva privada en una zona deportiva pública. Pero además los vecinos se beneficiaban al posibilitar la implantación de un supermercado para el barrio, un área comercial que necesitaban y habían pedido insistentemente.

Así a comienzos de octubre de 1997 me tocó negociar en la sede de Repsol en Madrid, ese viaje lo hice solo, pues la abogada del área de Urbanismo no me pudo acompañar: Durante el viaje repasé en innumerables ocasiones la petición definitiva del Ayuntamiento, cerrada horas antes con el Alcalde. Nada más llegar al edificio sede de Repsol, me encontré unas imponentes puertas giratorias.

Curiosa paradoja, en esa negociación, como en muchas otras negociaciones que he realizado en mi vida, nunca me planteé, ni de lejos, que los intereses personales pudieran anteponerse a los intereses generales. En mi vida política he tenido multitud de ocasiones de usar este tipo de puertas giratorias, pero siempre y más aún hoy, cuando me encuentro ya casi dos años en desempleo, y miro con agobiante intranquilidad el futuro de mi familia, sigo sin entender a quienes prostituyen el interés general en beneficio particular y se suben a las puertas giratorias, unas visibles, otras opacas, olvidando y traicionando a las ideas y a las personas que representan.

La negociación fue ardua, con traje y corbata pero a cara de perro, y se prolongó más de tres horas, viendo en detalle cada plano, cada parcela. Los directivos de Repsol no se movían un ápice de su oferta, solo el campo de futbol pero yo estaba, estábamos convencidos que Repsol aceptaría nuestro planteamiento, la cesión de la parcela integra del campo de fútbol, el edificio del antiguo cuartel de la Guardia Civil y la pequeña pista deportiva situada en las espaldas de la Iglesia de Santa Bárbara. En cambio habíamos decidido renunciar al edificio del antiguo teatro cine del Poblado. Los elevados costes del auditorio nos hicieron pensar que no era bueno buscar una nueva instalación en la gastar más dinero, no solo en obras y equipamiento, sino también en consumos y plantilla que el ayuntamiento no podría pagar en el futuro.

Las dos partes al salir de la reunión intuíamos que el preacuerdo, pese a las diferencias, estaba cerca y aunque quedaban flecos, el posible acuerdo tendría que ser ratificado por los grupos políticos y la dirección de Repsol, Además sería necesario zanjar algunas cuestiones formales que aún se prolongarían algunos meses. Ese día, pese al interés de los directivos de Repsol no hubo comida, no me parecía razonable. El bocadillo de calamares que tome en el regreso me supo a gloria.

Finalmente en abril de 1998 crucé con Repsol varios borradores del acuerdo en el que Ayuntamiento se comprometía a recalificar como comercial una parcela de 4.500 m2, situada entre la calle Cádiz y el lES Galileo Galilei. Y se aclaraban otros aspectos de la normativa urbanística en otras zonas del Poblado que afectaban a otros 3.500 m2

Por su parte, Repsol Petróleo se comprometía a ceder gratuitamente al Ayuntamiento la parcela de 1.300 m2, delimitada por las calles de Asturias, Vitoria y Avenida de Andalucía, donde se encontraba la Casa-Cuartel de la Guardia Civil. También cedería gratuitamente la parcela de 25.000 m2 del campo de fútbol del Cerrú, así como la parcela anexa de 18.400 m2, donde se encontraba la piscina y el campo de fútbol de tierra. Finalmente Repsol aceptaba ceder una parcela situada detrás de la Iglesia, dedicada a pista de baloncesto, con una superficie aproximada de 650 m2 En resumen el ayuntamiento recibía casi 45.000 m2 y Repsol obtenía 8000 m2 . Creo que fue un buen acuerdo.

El 29 de abril de 1998, en vísperas de la inauguración de la Feria de Mayo de ese año, el pleno del Ayuntamiento facultó al alcalde Casimiro Sánchez para la firma del convenio urbanístico con Repsol Petróleo. Ese acuerdo fue aprobado por unanimidad de los grupos políticos municipales y .tras unos meses de acreditaciones en el registro de la propiedad y de trámites de urbanismo todo estaba listo para la firma.

Y finalmente, después de un largo trabajo y una dura negociación, a finales de octubre de 1998, el día 24, se resolvió un anacronismo histórico, el Alcalde de Puertollano y el presidente de Repsol Petróleo, firmaron el acuerdo por el que el Cerrú pasaba a ser propiedad de todos los ciudadanos de Puertollano. Curiosamente ese documento llevaba la firma de D. Juan Sancho Rof, en representación de Repsol, la misma persona que casi 15 años atrás había firmado la cesión a la ciudad de las calles y jardines del Poblado.

Sin embargo, y pese al éxito logrado, esa fue una de las semanas más tensas para mi, pues en la Comisión de Urbanismo, los grupos municipales de la izquierda tuvimos que cerrar la puerta a una recalificación muy interesada pero poco interesante para la ciudad, relativa a terrenos en la margen derecha de la carretera a Repsol, justamente situados antes de llegar al Cementerio. La excusa para aquella petición de recalificación era la construcción de un tanatorio. Los grupos políticos acordamos otros lugares más idóneos para la construcción de un tanatorio en nuestra ciudad, pues en aquellas fechas carecíamos de ellos. Y como me imagino que se recogerá en el acta de dicha comisión, si mi memoria es correcta, esa semana, tanto el PSOE como IU acordamos que la instalación de un horno crematorio solo debería construirse en el interior del cementerio municipal a través de una concesión administrativa. ! Las vueltas que da la vida !

Como decía antes, creo que el acuerdo alcanzado fue muy bueno para nuestra ciudad, recuperando por un tiempo nuestras raíces y nuestras señas de identidad, sin embargo la realidad hoy, es muy diferente a como la pensamos en aquel momento y hoy en aquellos terrenos se ha plasmado un modelo diferente al que yo defendí. También creo que el tiempo es un juez implacable que al final se convierte en el espejo en el que nos podemos mirar y en el que también podemos ver si cualquiera de nosotros ha pasado por la política para servir a lo público o para beneficiarse a sí mismo en perjuicio del interés general.

P.D. Incluyo algunas fotografías del que he tomado prestadas del Diario La Comarca de Puertollano y del Diario Lanza.