Puertollano

Artículo de opinión

Desintegracion y desaparicion del tejido asociativo cultural en Puertollano y en muchas más localidades

Se veía venir...

José Raúl Muela

05/02/2013

(Última actualización: 06/02/2013 13:00)

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Entre otras muchas voces, ya habíamos avisado, hace ya un tiempo, del riesgo de la desaparición del “fuerte” Tejido Asociativo de nuestra localidad y la de otros cientos de poblaciones. Además también alertábamos sobre el “duro” presente y el futuro incierto de los grupos culturales y de las organizaciones solidarias. El caso es que, como nos temíamos, estamos asistiendo al “colapso y desvanecimiento del tejido asociativo cultura y solidario” en Puertollano y en otros lugares.

Efectivamente, las pequeñas asociaciones y organizaciones de acción cultural y social, están desapareciendo por centenares, en todas las comunidades y regiones así como en todos los pueblos y ciudades, incapaces de resistir los ataques de la presente crisis económica.

Los recortes presupuestarios en todas las políticas culturales, la desaparición o minimización de los convenios, conciertos y convocatorias de subvenciones dirigidos a las entidades no lucrativas, sumados a la crisis financiera de las administraciones públicas, con los consiguientes impagos o abultados retrasos en el pago de las deudas pendientes, han sido fatales para un tejido cultura dependiente “casi por completo” de los recursos públicos.

Porque la desaparición de cientos de organizaciones culturales, constituyen un desastre social y comunitario de grandes proporciones, por más que sea prácticamente invisible, no se habla de ello en los medios de comunicación y que se esta produciendo de manera silenciosa.

Esa multitud de pequeñas organizaciones culturales y solidarias sostenían cientos de actividades y proyectos dirigidos al Fomento de la Cultura, Festivales, Exposiciones, Concursos, Jornadas, etc….y a apoyar o acompañar a las personas y grupos sociales más vulnerables de nuestra sociedad: las personas ancianas, las mujeres maltratadas, las personas con discapacidades, las personas sin hogar, los inmigrantes, etc., etc., etc. Pero, además, nos ocupamos de promover los valores como la justicia, la libertad de conciencia, la no violencia, la igualdad de género, el respeto a los animales y a la naturaleza, la solidaridad, la cooperación, el apoyo mutuo, la amistad, el fomento de nuestras tradiciones...

Estas organizaciones culturales somos una reserva de valores humanos en un mundo más y más “desvalorizado”.

Y con todas sus luces y sombras, con sus evidentes contradicciones, las organizaciones solidarias generamos y constituimos un tupido entramado de relaciones, un tejido social fundamental para articular la comunidad, para garantizar la cohesión, para sostener la arquitectura convivencial de nuestros pueblos y ciudades. Somos parte fundamental del imprescindible capital social de nuestras comunidades.

La debilidad de las propias organizaciones y la dependencia, han contribuido a mantener el silencio de las entidades, que solo en contadas ocasiones, cuando la crisis ya estaba avanzada y el daño en buena parte hecho, siempre de forma excesivamente respetuosa hacia los poderes públicos, temerosos de su reacción y sus represalias, se han atrevido a salir a la calle, a levantar la voz a protestar y denunciar el olvido de las administraciones.

Pero si la respuesta de las organizaciones ha sido inexistente o tímida, la actitud de los poderes públicos, de los partidos políticos, de los gobiernos locales, regionales y nacionales de las siglas que sean, porque esto no viene de hace poco tiempo, ha sido vergonzosa. No han tenido el menor escrúpulo en meter la tijera a los presupuestos culturales y sociales, en cerrar el grifo de los recursos a las mismas entidades a las que alentaron y de las que se valieron buscando nuestros “Votos”.

Y tampoco hemos escuchado voces políticas lamentando la pérdida de ese tejido asociativo articulador de la comunidad. Probablemente, para muchos y muchas de nuestros gobernantes es más bien un alivio ver como se debilita o desaparece la iniciativa social organizada cuya contestación o crítica siempre han temido. No tuvieron recato en ponerse la medalla o sacarse la foto cuando había que inaugurar programas o eventos, pero callan culpables cuando se cierran.

La desaparición de las organizaciones culturales significaría que la democracia es hoy más débil, más frágil, menos democrática y participativa.

Claro que, para quienes puedan estar frotándose las manos por esta pérdida de protagonismo ciudadano, conviene advertir que ya están naciendo nuevos movimientos y nuevas formas organizativas.

Como no podía ser de otra manera, como ha ocurrido siempre a lo largo de la historia, las iniciativas ciudadanas se transforman, mutan, se reinventan para adecuarse a un nuevo tiempo. Y son muchos los nuevos grupos ciudadanos, las nuevas organizaciones, que están naciendo y cristalizando, más independientes, más sabias, más críticas, más capaces de transformar la realidad y de cambiar todo esto.

José Raúl Muela

Presidente de la Asociación de Coros y Danzas “Fuente Agria”