Cultura

En el Ateneo de Madrid

Presentación del libro “El color de la tinta. Poesía 1962- 2012”, de Nicolás del Hierro

La esencia de la obra del poeta manchego reunida en esta antología. Días antes, en la Casa de Castilla-La Mancha Nicolás del Hierro leyó y comentó una selección de sus propios versos.

José Belló Aliaga

28/04/2012

(Última actualización: 28/04/2012 14:00)

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Se ha presentado en la Sala de Conferencias del Ateneo de Madrid “El color de la tinta. Poesía 1962- 2012” ,del poeta nacido en Piedrabuena , Nicolás del Hierro, con las intervenciones del propio autor, el editor de Vitruvio, Pablo Méndez y los poetas José Luis Morales y Miguel Galanes.

En el libro- supervisado por Francisco Caro- se recoge, en una cuidada selección, la esencia de los cincuenta años de su densa y extraordinaria actividad poética, desde que la iniciara en 1962 hasta el momento actual, reunida en esta antología.

En el acto de presentación tanto Morales como Galanes coincidieron en que no se trataba tan sólo de la presentación de un libro sino fundamentalmente de glosar la vida literaria del autor a modo de homenaje.

Poemas

Ante el nutrido público asistente Nicolás del Hierro, fue desgranando algunos de sus poemas que leyó con emoción, soltura y perfecta dicción.

Entre ellos:

¿QUÉ IMPORTA UN VERSO A NADIE?

Creo que cruzan brevemente,

como si un muñidor nos dispusiera

a mermar lo sutil y delicado.

Desde mis soledades, considero

que estas cosas apenas si cautivan

que apenas si interesan a ninguno.

¿Qué importa un verso a nadie

si ese nadie no besa la palabra?

El tiempo, este extraño compromiso

que adquirimos al ser prueba de luz,

nos hace cada vez más vulnerables,

más nuestros: no es almíbar lo ajeno.

Desnuda, hiriente la tristeza,

escasos son quienes comparte

la huella del calvario.

¿Qué nos queda, por ello, de un poema?

Expuesta al clima la palabra,

el huracán abate hasta su aroma.

En la Casa de Castilla- La Mancha

Días antes se había celebrado en la Casa de Castilla- La Mancha en Madrid, convocado por su Presidenta y Junta Directiva, - dentro del espacio cultural del Aula Literaria “Juan Alcaide”-, un emotivo y brillante acto durante el cual Nicolás del Hierro leyó y comentó una selección de sus propios versos.

La entrañable y deliciosa velada fue presentada por Luis Leal, Vicepresidente de la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid, que en ausencia por enfermedad del coordinador del Aula, Alfredo Villaverde, que es Presidente de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha, leyó unas cuartillas que había preparado para la ocasión.

Leal destacó su amistad con Nicolás del Hierro y afirmó que “siempre ha existido y existe concordancia entre su vida y su obra”.

NO ESCRIBO PARA MI

Del extraordinario bagaje poético de este excepcional autor seleccionamos este poema, como breve pincelada de su trayectoria literaria:

No escribo para mí,

sino para los otros, para quienes

desde el crepúsculo se asoman

por la ingente ventana del poema

y sus ojos son noche.

Quienes sólo ven fórmula,

en el alba perciben la sorpresa.

La mañana no siempre nos descubre,

tras el vocablo, el mito o el ensueño;

es necesario entonces el estímulo,

el sincero latido, la visión

con que el actor declama la belleza.

No escribo para mí.

Labrador

de recuerdos y lunas en creciente,

un universo vecinal conjuro:

declive soy de aquello que la vida

merma en los arrecifes de la aurora.

Me dijeron que había bibliotecas,

dispensarios que en la salud culminan

del espíritu. Y fueron el imán,

las lluvias que atrajeron y regaron

mis frutos y parcelas, los vocablos

con que abonar la estirpe a mis temperos.

Fue mi predio la calle.

De la cal y las piedras, de la vida,

aprendí las palabras,

las cultivé en los vínculos

de los libros más libres,

en los labios más ásperos

y los más amorosos a la vez.

Un camino de fórmulas concretas

le marqué al sentimiento,

que andar hice por cauces

de omnímodos presentes.

Todo estaba en los otros, en los ecos

que llegaban del mundo y sus latidos,

en la entraña con que los diccionarios

impregnaban diagnóstico al fonema.

Yo fui sólo epidermis y contacto.

En la universidad de ese Universo

velé el concierto de mis sones tristes:

compás hice del hombre que me habita.

Pero fue suyo el son, la nota suya,

como si el pentagrama en desarrollo

la melodía izara sobre un mástil

de ajenos gallardetes, símbolos

que de vosotros parten y culminan.

Ritmo de su audición, mi verso,

como árbol que se crece en la memoria,

toma pretérito en la imagen bíblica

y desde su raíz hace cultivo