El Gobierno de Castilla-La Mancha inició el pasado día 14 el trámite para declarar Bien de Interés Cultural la Venta de Borondo, situada en la actualidad en el término municipal de Daimiel

EL GOBIERNO REGIONAL CATALOGARA COMO MONUMENTO UNO DE LOS VESTIGIOS DE LA MANCHA QUE RECORRIO CERVANTES

En el siglo XVI, las ventas eran un componente habitual del paisaje manchego, uno de los escasos elementos que rompían la horizontalidad de la llanura. Su ubicación, al lado de los caminos y veredas, las hacía punto de parada obligada para los viajeros de la época, de tal modo que cada noche se convertían en escenario en el asistir a la representación de que se representaban las diferentes escalas sociales y oficios de la época.

La Comarca

23/03/2007

(Última actualización: 25/08/2008 14:00)

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En el Quijote, Cervantes las describía con multitud de detalles: “ancho corral, cuadra y granero amplios (…). Las ventanas al exterior son pocas, según costumbre morisca; a veces solamente una: la piquera del pajar (…). En el interior adornan las blancas paredes pobres sargas, en vez de tapices, cruces de espigas y pajas con amapolas, manzanillas y retamas. El lecho lo forman unos bancos sobre los cuales, cuando hay con qué, van los colchones, sábanas, franazas, mantas y vistosas colchas. Si faltan los colchones, basta con una estera”; (Don Quijote, Parte 1ª, Cap. XLIII).

Esta descripción se ajusta casi perfectamente a una de aquellas ventas que aún hoy quedan en pie, la de Borondo. Posiblemente, la Venta de Borondo sea el ejemplo de este tipo de edificación cervantina único y mejor conservado en la provincia de Ciudad Real y por extensión en la comarca de La Mancha. Mantiene los elementos principales y originarios de su construcción en pie, si bien presenta un estado ruinoso en sus anexos, cuadras, porches de corrales y tapias o cercas de cerramiento.

La ausencia de protección de este inmueble, de indudable valor arquitectónico y cervantino, podría suponer la ruina total de dicha edificación, ya que, al estar en desuso, corre el peligro de hundirse, razón por la cual, el Gobierno de Castilla-La Mancha ha iniciado los trámites para declarar la Venta de Borondo Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento.

El pasado día 14, el Diario Oficial de Castilla-La Mancha publicó una resolución de la Dirección General de Patrimonio y Museos que daba por iniciada la tramitación del expediente administrativo para otorgar dicha declaración y abría un período de veinte días hábiles para consultar el expediente y formular las alegaciones que se consideren pertinentes.

Con la protección de esta edificación, tan representativa de esa época histórica, se preserva uno de los símbolos más característicos del paisaje y la tierra manchega y al mismo tiempo, se hace más fácil entender como se relacionaban las gentes en el Siglo de Oro y cuales eran los valores y formas de pensar que caracterizó a los pueblos de La Mancha y, más en concreto, a los de la provincia de Ciudad Real.

Una encrucijada de caminos

La Venta de Borondo se levanta en el extremo del término de Daimiel, junto a un ramal de vereda que parte de la Cañada Real Soriana, entre los campos de Borondo y el lugar de Moratalaz, en la vega que forma la ladera norte de la sierra del Moral, casi en el hito que marca el cruce de los términos de Almagro, Bolaños y Daimiel.

Las “descripciones” del Cardenal Lorenzana aluden al paraje y a la venta al situar el límite del municipio de Manzanares: “( ... ) a la media legua siguiente se haya la venta y casería con casero, que dicen de Borondo ...” (…) “a la izquierda de dicho camino (sic) y desde el citado soto de Siles (dirección a Almagro) sale un camino real para la villa del Moral ... “.

La venta presenta una estructura claramente definida: una portada monumental, un zaguán, un patio con pozo que distribuye la vivienda y otro patio al fondo para las caballerizas, que fueron añadidas al edificio original en los siglos XVII y XVIII.

La portada aporta un elemento culto a la arquitectura popular de la venta. Es una puerta adintelada con el escudo de cuero recortado de López de Merlo. Las ménsulas en forma de S tienen una decoración vegetal junto con caras de ángeles como símbolo de protección. A ambos lados, rematan la portada dos columnas toscanas con un plinto decorado con cuadrifolias y un capitel de hojas de acanto.

El patio principal conserva el empedrado de guijarros y tiene grandes dimensiones: se decía que debía tener espacio suficiente para que un carro tirado por animales pudiera dar la vuelta con comodidad; Está provisto de un pozo y de una pila de abrevaderos y pesebres. Una escalera exterior o semiexterior conduce del patio a una larga galería o corredor abierto al que dan las puertas de las habitaciones; debido a sucesivas reformas, este corredor fue cerrado.

En uno de los laterales de la planta baja está el comedor, dotado de una gran cocina de campana. Si bien en las casas urbanas se distribuían las habitaciones vivideras principalmente en planta baja, en las ventas el uso de los bajos se destina a las cuadras de los animales de tiro y cocinas-comedores, ubicándose las alcobas en alto, siendo el gran patio de maniobras alrededor del cual se distribuyen todas las dependencias principales.

No obstante, el aposento donde la mayor parte de viajeros hacían la vida era la cocina, una sala de gran tamaño con mesas y bancos corridos para sentarse que se utilizaban también como camastros. Sobre ellos sobresalen unas filas de estacas de palo clavadas en el muro que se usaban como percheros para colgar aperos, mantas, ropa y otros objetos personales de los propios gañanes. En el muro del fondo está el fogón bajo la campana de la chimenea.

Otras dependencias relevantes de la venta son las que se destinaban a los animales de tiro, que disponían de cuadras compartimentadas por tabiques de poca altura y con gran cantidad de pesebres adosados a los muros. Además de estas cuadras cubiertas, existían las de verano, constituidas por patios y corrales con pesebres al aire libre o bajo porches.

Asimismo, en la venta de Borondo existían dependencias específicas para otras especies animales que, aunque no se incluían como explotación principal, siempre han complementado la economía de los labradores proporcionando carne, huevos o lana. Para estos animales había pocilgas y gorrineras, cobertizos, corrales, apriscos y descansaderos para ovejas y cabras. Para las gallinas se acotaba un trozo de patio; sin embargo, lo habitual es que las aves anduvieran sueltas por el patio y los alrededores de la casa.

Otras dependencias que solía haber en las ventas o en un lugar cercano eran las eras, imprescindibles para trillar y aventar la mies, los pajares, situados junto a las cuadras o justo sobre ellas, y los palomares, que, en este caso, está situado en lo alto de la torre.