Transcripción íntegra del primer premio en el certamen de cartas de Amor de la Asociación de Amas de Casa y Consumidores "El Timón" de Puertollano: Se compran recuerdos, se vende olvido

Un año más, el Auditorio Municipal sirvió de encuentro con el amor epistolar. La Asociación de Amas de casa y consumidores “El Timón” celebró su certamen anual de cartas de amor. Se concedieron cuatro premios que fueron concedidos por el jurado designado para esta ocasión que estuvo compuesto por Carmen Lorido, Lourdes Carrascosa, David Coleto, Juan Manuel Núñez y Eduardo Egido.

José Carlos Sanz/Julián Gómez

20/02/2005

(Última actualización: 25/08/2008 12:00)

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Se contó con la presencia estelar de la actriz Beatriz Carvajal, que acudió en calidad de pregonera para abrir un acto que de nuevo contó con una nutrida participación de personas de todo el territorio nacional.

Los premios concedidos han sido los siguientes: Cuarto premio “Timonel” dotado con 150 euros y placa para Mª Luisa Gil Porras con su carta “Ah, se siente”; tercer premio dotado con 190 euros y placa para la carta “Lucía” del vizcaíno Jonathan Martínez; tercer premio cuantificado en 250 euros y placa para Nicolás Fernández Suárez de Bargas (Toledo) por su carta “Amor, amoroso”. El primer premio dotado con 325 euros y placa recayó en la madrileña María Domínguez Jiménez por su carta “Se compran recuerdos, se vende olvido”.

Se compran recuerdos, se vende olvido

(María E. Domínguez Jiménez)

Te escribo, cariño, porque ésta es la única forma que me has dejado para acercarme a ti, y si he elegido esta fecha es para que comprendas que aún existen personas, y muchas, que sí están pendientes del calendario para determinadas cosas.

Sé que tienes miedo ¿quién no lo tendría en tu situación?, pero quiero que me escuches, o mejor dicho, que me leas y sepas sacar la verdad de mis palabras.

Ayer tuve un sueño, un sueño hermoso porque te liberaba de tu pesada carga. Había un hombre que gritaba por la calle: “Se compran recuerdos, se vende olvido”. Yo me acerqué a él y le pregunté qué recuerdos se compraban y qué olvido se vendía. El me dijo que de todas clases. Sentí que en mi pecho explotaba la alegría y la ilusión. Le vendí todas las cosas tan horribles que me has contado y le compré el olvido más grande que le quedaba. Y me fui a casa a esperar. Al poco rato apareciste tú envuelta en un halo de belleza y lozanía. Sonreías como sé que eres capaz de hacerlo aunque yo no lo haya visto nunca; te acercaste a mí despacio, insinuando toda la sensualidad que atesoras en tu alma, y que no sabes que tienes, y me besaste con amor liberada para siempre de todos los malos recuerdos que guarda tu equipaje.

Sé, mi amor, que te trató mal, pero no nos juzgues a todos por el mismo rasero. Yo podría hacerte feliz porque te quiero tanto que no sueño con otra cosa que no sea tu felicidad. Yo podría hacerte conocer la dicha porque no vivo para otra cosa que no sea hacerte dichosa.

Dame la oportunidad de enseñarte el camino de la libertad, ese bien tan preciado que te fue negado cuando apenas era una niña. Sabrás lo que es vivir sin el miedo a oír una llave en la cerradura, o escuchar un golpe sobre la mesa mientras tratas de hacerte invisible en la cocina, Yo te enseñará lo que es desear ver llegar a la persona amada con toda la entrega puesta en el corazón. Yo te mostraré lo que es no tener miedo a la noche, sino desear que llegue con el alma puesta en el anhelo de la espera.

Quiero adentrarme junto a ti por el sendero de los deleites sencillos y placenteros. Quiero que conozcas tus deseos y goces del amor, porque el amor está hecho para gozar de él con la persona amada.

No has pensado ni un momento en lo que estoy sintiendo, porque sé que si lo hubieras hecho, no me negarías la necesidad de verte a solas, de acariciarte, de besarte…, sé que la bondad de tu corazón no permitiría esta agonía. Porque es una agonía saberte tan cerca y tan lejos. Tenerte a mi lado ocho horas al día y comportarme contigo como con cualquier otra de mis secretarias.

Te estoy abriendo mi alma, amor mío, como no se la he abierto nunca a nadie, me estoy haciendo vulnerable ante ti como no lo he siso nunca ante ninguna otra persona. Pero no me importa porque no quiero que haya secretos entre nosotros.

Recuerdo aquella noche de trabajo hasta tan tarde, aquella parada para tomar un bocado y seguir trabajando en aquel maldito informe que había que entregar al día siguiente. Recuerdo tus miradas constantes al reloj y el miedo que reflejaban tus ojos cuando bajabas lenta y pensativamente la cabeza. Yo solo tomé tu barbilla entre mis dedos y levanté tus ojos hacia mí. Creo que fue en ese momento cuando me enamoré de ti mientras tú rompías a llorar y me contabas la causa de tu miedo. Pero él, no volverás nunca a exagerar el maquillaje o a sentir ese sabor metálico en tu boca. Yo solo te daré felicidad porque eso es lo que te mereces.

Sé que sientes por mí lo que se desborda en mi alma cuando te recuerdo. Sé que se enardecen tus sentidos cuando nuestras manos se rozan por accidente, porque lo leo en tus ojos, y lo reconozco porque es lo mismo que muestran los míos cuando siento la seda de tus dedos sobre mi piel, porque yo siento hambre de tu contacto y no me importa reconocerlo; siento hambre de tus confidencias, siento hambre de una pasión compartida a media voz entre unas sábanas que nos aíslen del resto del mundo.

Ya no sé que más decirte, ahora te toca a ti confiar, dar ese primer paso que me permita a mí continuar. Si tú no quieres, no volveré a molestarte, pero por un pasado tempestuoso que ya terminó hace mucho tiempo, te estás perdiendo una vida plena que te podría llenar de satisfacción. En cuanto a mí, siempre te estaré esperando, porque un amor como el que siento no se desvanece de un día para otro. Siempre seré tuyo.