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Viernes 3 de Septiembre de 2010
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Tras su aprobación en el Consejo de Gobierno del pasado martes

EL "EXTRAORDINARIO CONJUNTO INDUSTRIAL DE ALMADEN", UN NUEVO BIEN DE INTERES CULTURAL PARA LA REGION

La declaración, aprobada en el Consejo de Gobierno del pasado martes, incluye la denominada "Mina Vieja" y varios edificios e infraestructuras de la ciudad construidos al amparo de la actividad extractiva, como el Hospital de Mineros de San Rafael o la Plaza de Toros

El Consejo de Gobierno del pasado martes aprobó declarar Bien de Interés Cultural con la categoría de "Conjunto Histórico" las minas de Almadén, una catalogación con la que el Ejecutivo que preside José María Barreda reconoce el elevado valor del patrimonio industrial que ha atesorado la localidad a lo largo de más veinte siglos de explotación del cinabrio.

Asimismo, esta declaración ratifica el apoyo que presta el Gobierno regional a la pretensión de que la UNESCO declare Patrimonio de la Humanidad el itinerario cultural 'Binomio mercurio-plata en el camino intercontinental' en el que participan las ciudades eslovena de Idria y la mexicana de San Luis de Potosí y Almadén. La organización dependiente de Naciones Unidas debe pronunciarse el próximo año.

La declaración se justifica por el "extraordinario conjunto patrimonial industrial de las épocas, medieval, moderna y contemporánea" acumulado a lo largo de los siglos para explotar el mayor yacimiento de mercurio del planeta.

Una mina amurallada

El área declarada Bien de Interés Cultural (BIC) es la que definen el Cerco de Buitrones, el Cerco de San Teodoro, las escombreras y otros lugares cercanos en los que existen un yacimiento arqueológico vinculado a la mina, zona que ocupa una superficie de casi cuarenta hectáreas y que está comprendida dentro del Parque Minero inaugurado a principios de año por el presidente Barreda y el ministro de Industria de entonces, Joan Clos.

Esta zona está delimitada por los cercos mineros, muros que impedían el acceso a las instalaciones y el robo de las herramientas, de la leña de los hornos y, sobre todo, del mercurio. El primer cerco, el de Buitrones, se construyó en torno a los hornos de destilación a los que denominaban buitrones; la puerta de Carlos IV es la que daba acceso a dicho cerco. En el siglo XIX se construyó otro muro de mayor perímetro, el de San Teodoro, que tomó el nombre de uno de los pozos de la mina.

Dentro de estos cercos se encuentran en primer lugar los pozos mineros y los socavones accesibles desde el exterior a través de bocaminas horizontales. Para descender a las plantas inferiores se excavaron a partir del siglo XVI los pozos de San Aquilino, San Teodoro y San Miguel. En el de San Andrés, en el que se instaló un gran torno movido por mulas.

La mina propiamente dicha tiene su acceso por el pozo de San Teodoro. El recorrido de las galerías tiene más de ciento veinte kilómetros de longitud; está dividida en veinticinco plantas, la última de ellas a setecientos metros de profundidad.

Las instalaciones mineras comprenden también los hornos en los que se fundía el cinabrio para obtener el mercurio y los talleres, construidos a principios del siglo XX para el mantenimiento de la maquinaria empleada en la producción del mineral.

Los hornos más antiguos conocidos son los árabes, las jabecas, a los que siguieron los hornos de reverberación en el siglo XVI. A mediados del siglo XVIII se inventaron los hornos de aludeles, introducidos en Almadén por Juan Alonso de Bustamante, que se emplearon hasta 1930. En las últimas décadas de explotación de la mina se utilizaron hornos Cermack-Spirek y Pacific alimentados por propano.

Una prisión de interés cultural

Además del conjunto estrictamente minero, la declaración aprobada por el Gobierno de Castilla-La Mancha incluye varios restos arqueológicos y edificaciones del entorno cuya existencia no se explica sin la actividad extractiva desarrollada en Almadén a lo largo de la historia.

Así, la denominación como Bien de Interés Cultural comprende también la Academia de Minas, la Plaza de Toros, el Real Hospital de Mineros, la Real Cárcel de Forzados y los restos de la Casa de la Superintendencia y el castillo de Retamar.

El edificio de la Casa-Academia de Minas de Almadén está situado en pleno centro del casco urbano. Se construyó entre 1782 y 1785 por orden de Carlos III para formar a los técnicos que dirigirían la explotación del cinabrio. Esta escuela para personal de minas fue la cuarta de sus características que se creó en el mundo y permaneció en el edificio hasta principios de la década de los setenta del pasado siglo, cuando entró en servicio la actual Escuela Politécnica.

Algo anterior a la Casa-Academia de Minas es la plaza de toros, ya que el coso se construyó entre 1752 y 1754 con el fin de recaudar fondos para la construcción del Real Hospital de Mineros. La plaza ostenta la categoría de BIC desde hace unos años y ha sido objeto de un largo y laborioso proceso de restauración que ha permitido darle nuevos usos, como el de establecimiento hostelero o el de oficina de turismo. Su inconfundible forma hexagonal es una de sus señas de identidad.

El Real Hospital de Mineros de San Rafael también posee esta distinción y, al igual que el coso, ha sido restaurado y rehabilitado recientemente. El edificio se construyó por orden del superintendente Javier Pérez de Villegas a raíz del aumento que registró la producción de mercurio a mediados del siglo XVIII que supuso un incremento paralelo de los trabajadores y, por ende, del número de enfermos y accidentados. El hospital entró en servicio en 1774 tras diecinueve años de obras de construcción.

En 1999, Minas y Arrayanes de Almadén la Fundación Caja Madrid firmaron un convenio de colaboración rehabilitar el edificio con objeto de que albergara la sede de la Fundación Francisco Javier de Villegas, el archivo histórico de las minas de Almadén y un museo de las minas y museo hospitalario, instalaciones que abrieron sus puertas al público en febrero de 2004.

Cerca del Real Hospital de Mineros se encuentra la Escuela Politécnica Universitaria de Almadén, centro educativo levantado a principios de los setenta sobre la Real Cárcel de Forzados. La prisión fue construida por la entidad bajo la dirección del Ingeniero de los Reales Ejércitos Silvestre Abarca y se terminó hacia el año 1754. Se empleó como presidio para forzados a las minas hasta el 8 de agosto de 1800, momento en que el rey resolvió que no se condenase a ningún preso a la pena de minas. Durante el siglo XIX fue Presidio Provincial y después de la Guerra Civil Española se empleó como campo de concentración

De la antigua cárcel, que fue almacén de trigo hasta su demolición en 1969, quedan en pie restos notables que muestran como eran los pasadizos y celdas. A esta zona se puede acceder a través de un patio de la Politécnica.

La relación de inmuebles del entorno del conjunto minero de Almadén que a partir de ahora ostentarán la categoría de Bien de Interés Cultural se cierra con las ruinas aún en pie de la Casa de la Superintendencia, en la que residía el máximo responsable de la explotación minera, y con las del castillo de Retamar, fortaleza de origen medieval situada en pleno centro del casco urbano de la que permanece en pie un torreón.

El tesoro bermellón

Los romanos fueron los primeros en utilizar el cinabrio de Almadén para obtener el color bermellón. Aunque hay citas anteriores que aluden a este mineral, en el siglo I antes de Cristo Plinio el Viejo menciona específicamente las explotaciones de bermellón de la región Sisaponense dentro de la provincia Bética.

La mina era propiedad del Emperador y estaba protegida por una guarnición militar. No existía una explotación continua y sólo se extraía mineral por orden directa de Roma.

De los tres siglos que van desde la caída del Imperio Romano hasta la llegada de los árabes a la península no hay información. Con la dominación musulmana, la mina pasó a ser propiedad de los califas que la explotaron sistemáticamente hasta llegar a superar los mil obreros en el siglo XII.

Tras la victoria cristiana en las Navas de Tolosa, la mina se cede a la Orden de Calatrava que, a su vez, arrienda su explotación a comerciantes catalanes y genoveses. A finales del siglo XV, Fernando el Católico recuperó para la corona el control del yacimiento, aunque con un escaso ritmo de explotación.

Todo cambio a mediados del siglo XVI, cuando se descubrió la utilidad del mercurio para amalgamar el oro y la plata que se extraía de las minas que España explotaba en América. La mina de Almadén, que Carlos I tenía entonces arrendada a los Fugger, llegó a tener en aquella época más de mil obreros.

Desde 1645 hasta principios del siglo XX fueron explotadas por diferentes organismos del Estado. En 1918, se creó el Consejo de Administración de las Minas de Almadén, dependiente del Ministerio de Hacienda. En mayo de 2001 la empresa pasó a depender de la SEPI, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales. Tras más de dos mil años de actividad minera, MAYASA, Minas de Almadén y Arrayanes S.A., dejo de extraer cinabrio al año siguiente.

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