Cultura La Comarca de Puertollano

Un repaso por la cultura de Puertollano

Alfonso González Calero

Calificaba mi amigo Eduardo Egido en un artículo de hace más de 4 años a Puertollano como la ciudad abierta. Por mi parte, en un artículo algo posterior (de 1988) decía que me sentía orgulloso de haber colaborado en un despegue cultural que ha hecho de Puertollano una de las ciudades culturalmente más activas de Castilla-La Mancha. Realmente, creo que esto es así. Si es cierto que en los años 60 y 70 hubo manifestaciones culturales de importancia (habría que recordar a Prior, el cine club Ecuador, el grupo cultural de Enpetrol, etc.), creo que es a partir de los años 80 cuando se produce una eclosión de nombres, de tendencias, de apuestas institucionales, que confirman esa afirmación. Historiadores (que siguiendo el magisterio del malogrado Francisco Gascón Bueno) han cultivado diversas áreas y temas de la historia local, provincial, regional o nacional: ahí están José González Ortiz, José Domingo Delgado, Miguel Gómez Vozmediano, Luis Fernando Ramírez, Agustín Fer-nández Calvo, etc. y está también el fenómeno -que tuvo su importancia y su continuidad- de las Semanas de Historia, comenzadas justo al comienzo de esa década.

En narrativa, no podemos olvidar los nombres que ahora aparecen unidos bajo el sello de Intuición Grupo Editorial y su Colección de Narradores Castellano Manchegos  y que ya forman una verdadera escuela o grupo  generacional: Francisco Correal, Manolo Valero, Manolo Juliá, Eduardo Egido, etc.
En el ámbito de las Artes plásticas, de manera más dispersa pero igualmente importante hay que recordar desde el clasicismo de Jesús Cortés, a los planteamientos más modernos de Abdón Anguita, o las innovaciones de lenguaje de Gabriel Corchero, sin olvidarnos del importantísimo apartado de la fotografía con las hermanas Mary Gracia y Cristina Garcia García Rodero, o los magníficos trabajos en el campo de la historieta y la ilustración de Victor Barba.
Y ya en el campo de la creación poética creo que fue también importante aquel despegue de los primeros años 80, cuando desde la Universidad Popular se creó el entorno de la revista Estaribel, dirigida por Charo Olivares y Ana María Molina, y en la que el propio Alfonso -entre otros muchos- hizo probablemente sus primeras apariciones poéticas. Después, como pasa con casi todas las obras humanas se producen derivaciones y las cosas evolucionan de forma distinta a aquella en la que surgieron. Recuerdo también -aunque ya no me tocó vivirla- otra revista Alforja, que si mal no recuerdo impulsaba Luis García Pérez. Eso sin contar otra disciplina, ajena a la creación artística, pero muy conectada en tantos aspectos con el mundo cultural: me refiero al mundo del periodismo, de la información. En ella han destacado también numerosos puertollaneros, como Paco Rosell, los ya citados Manolo Valero o Juliá, el mismo Alfonso, del que ahora mismo hablaremos, y otros varios en etapas más recientes que por su juventud y mi lejanía creo que ya no debo citar en esta nómina.
Lo que me interesaba destacar es cómo Puertollano en los primeros años 80 vivió un verdadero despegue o eclosión cultural. La Universidad Popular, el auge de la Casa de Cultura, exposiciones, certámenes, visitas de artistas o escritores de primer nivel, etc., y afortunadamente no fue un espejismo sino que continuó y creó esa imagen -ganada, merecida- de esta ciudad como un referente cultural importante en la región y en España. Ese es -desde mi limitado enfoque personal- el caldo de cultivo en el que se crea la personalidad literaria, periodística y supongo que, en alguna medida también humana del amigo Alfonso Castro. Un amigo al que apreciamos por su valentía, por su candor, por su  cercanía, por su sentido de la amistad, por su tesón, por tantas cosas, y al que desde hoy conocemos un poco más porque ha desnudado buena parte de su alma en este libro, en esta Noche de peces, que acaba de ver la luz.

Creo que es muy difícil entender a Alfonso Castro sin el periodismo, sin su vocación y su profesión en muy buena parte de su vida. Redactor o colaborador en numerosas publicaciones: La Comarca de Puertollano (en la actualidad), Lanza o La Tribuna, , o en sus largos años como corresponsal en la provincia de Ciudad Real para el diario El Mundo. Mi relación con él, en este campo ha sido amplia. Desde el gabinete de prensa de la Junta de Castilla-La Mancha -mientras yo trabaja para la Consejería de Cultura- hasta su paso por la revista Castilla-La Mancha (en lo que yo había trabajado años antes) y a la que consiguió dar un toque cultural y social interesante y poco frecuente en publicaciones institucionales u oficiales. Creo que esa etapa fue importante. Recuerdo también (y esto es más antiguo) cómo Alfonso me sustituyó cuando yo abandoné Puertollano para ir a Toledo y asumió la corresponsalía de El País. Y ya en la actualidad como colabora con tesón y desin-teresadamente en nuestro proyecto común Añil/ Cuadernos de CLM, proponiendo siempre novedades artísticas culturales, trabajos sobre gentes de esta, de nuestra tierra, que tienen algo que decirnos o que merecen ser conocidos.
En el terreno poético, mi impresión personal es que la crítica es muy difícil. Se puede gustar la poesía, gozarla, latir con ella, sufrir del mismo modo que ha sufrido antes el autor, pero, insisto, me parece muy difícil hablar de ella, sobre ella. La poesía de Alfonso rezuma vida por todas partes. Es vitalidad en estado puro. Nace el deseo, del sufrimiento, de la dicha -pasajera como ella siempre es- o del dolor, de la ausencia, que, suele ser más larga, más penetrante. De esos mimbres, (deseo, goce, dolor, ausencia) salen a borbotones palabras auténticas, sentidas, directas, sin retóricas, ni manie-rismos. Palabras o sentimientos dicho con una mezcla de música entre popular y mora, entre punkie y romance. Alfonso asimila todas las voces, todos los estilos, los bate en su atormentada imaginación y nos ofrece lo mismo unos versos de resonancias lorquianas, u otros que nos evocan a Kavafis; algo que nos hace pensar en Gil de Biedma, u otros en los que estamos más cerca de Rimbaud o de Passolini.
Por último, añadir mis mejores deseos por supuesto para Alfonso, para su carrera poética y literaria en general, y que no lo perdamos para el mundo del periodismo, de la cultura, porque esta región nuestra necesita de muchas voces, de muchas sensibilidades auténticas como la suya para configurarse, para entenderse, para hacerse un poco mejor cada día. Otro deseo para Julián Gómez, el editor, para que no desfallezca. Porque editar aquí, entre nosotros, requiere de tesón, de paciencia, de apuestas a medio y largo plazo; de confiar en los autores y de conocer o saber cómo llegar a los lectores. De todo eso yo creo que sabe bastante Julián y lo que yo le deseo es que resista, que siga esa tarea tan apasionante que ha emprendido, con la colección de narrativa o con esta de poesía que inicia hoy, con su periódico. Porque Puertollano, Ciudad Real y CLM también lo necesitan.
Y un último deseo que Puertollano siga siendo lo que decía al principio: esa ciudad abierta, luchadora, arriesgada, cultu-ralmente activa y pionera, como lo fue en los años 80, y que siga generando  estos tipos tan auténticos, de algunos de los cuales -de Alfonso en este caso- me enorgullezco de considerarme amigo.

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