Historia La Comarca de Puertollano

Cartas desde Toledo
Algunas noticias (más) sobre el Doctor Don Alfonso Limón (II)

José D. Delgado Bedmar

Decíamos en la anterior “Carta desde Toledo” que en el monumental estudio que sobre “Una Fuente Centenaria. El agua agria de Puertollano”, publicó a finales de 2001 el prestigioso historiador Miguel Fernando Gómez Vozmediano, se contiene un subapartado dedicado a “la virtud de enseñar” de la figura del doctor don Alfonso Limón Montero, a quien Vozmediano considera “el más famoso y a la vez más desconocido de nuestros paisanos a lo largo de la historia”.

Efectivamente, Alfonso Limón Montero es el más famoso de cuantos “hijos ilustres” ha dado Puertollano, y lo es más aún si repasamos el listado de veintisiete antepasados importantes por una u otra razón que don Mariano Mondéjar recopila en su “Breve historia de Puertollano”, casi todos ellos tomados del propio libro de las aguas del doctor Limón o del “Diccionario histórico, geográfico, biográfico y bibliográfico de la provincia de Ciudad Real” publicado en 1890 por Inocente Hervás y Buendía, pues podremos comprobar que son nombres desconocidos para la gran mayoría.
Y es que Puertollano no tiene personajes históricos de una cierta fama allende los estrechos límites de nuestra localidad. Si otros lugares de la provincia, como Almodóvar del Campo o Fuenllana, tienen a gala ser cuna de santos varones (San Juan Bautista de la Concepción, San Juan de Ávila, Santo Tomás de Villanueva); o de ilustres hombres de iglesia (el Cardenal Monescillo de Corral de Calatrava); o de famosos soldados (Diego de Almagro, de esa localidad, o el General Espartero de Granátula de Calatrava); o están ligados a escritores de prosapia (Quevedo con Torre de Juan Abad, Cervantes con Argamasilla de Alba); lo cierto es que nombres de bienhechores públicos puertollanenses como Gonzalo Vázquez, Mateo Pastor, Sancho Cabrera, Antón Sánchez Largo, Francisco de Mora, Pedro de Villarreal y López de Robledo, Blas de Quesada, Juan Caballero o el doctor Muñoz nos son casi del todo desconocidos; por no hablar de soldados de tan indudable valor como poco conocidas hazañas, que tuvieron por nombre Antonio de Puebla, el capitán Núñez, Francisco Cerón, Juan Trujillo o Juan del Limón; o de religiosos como los frailes franciscanos Fray Andrés de Puertollano, Fray Diego de Puertollano o Fray Alfonso de Puertollano, el trinitario descalzo Fray Calixto de la Transfiguración, o el jesuita Juan Sánchez Vaquero, fundador de un colegio de su orden en Guadalajara (México). Tan sólo cabe destacar como algo más sobresaliente (y todavía recordada por muchos) la figura de Manuel Fernández-Conde y García del Rebollar, nacido en Puertollano en 1909 y que murió en los años setenta del pasado siglo siendo obispo de Córdoba. Todo esto, claro está, si, conscientemente, olvidamos los nombres de algunos más que bien conocidos paisanos contemporáneos, vinculados al deporte, el espectáculo, el arte, la política, los medios de comunicación o la enseñanza.
Gómez Vozmediano recopila en las siete páginas que dedica a tratar del doctor Limón todos los datos que, hasta el momento, se conocen sobre su figura y su obra. La principal novedad aportada reside en los datos sobre un presunto antepasado suyo, Miguel Limón, que emigró a Indias (México y Filipinas) y amasó una gran fortuna, dejando instituido un importante “patronato de legos” en Puertollano a principios del siglo XVII. Vozmediano supone que Alfonso Limón pudo beneficiarse de algún modo de las rentas que generaba esta institución, pero sin aportar prueba documental alguna y sin aclarar la vinculación real y directa con la familia de nuestro futuro doctor. Lo curioso del caso es que éste no parece conocer la existencia de este patronato, pues no lo cita en su libro, al contrario de lo que ocurre con los del doctor Fernando Muñoz, Gonzalo Vázquez, Juan del Limón, Sancho Cabrero, Antonio de Puebla, Pedro de Villarreal o Mateo Pastor.
Pero no para aquí la cosa: Gómez Vozmediano supone (igualmente sin pruebas) que si Alfonso Limón pudo estudiar en la Universidad de Alcalá, fue gracias a la herencia dejada por el sacerdote y doctor Fernando Muñoz, de la que sí que habla ampliamente el propio doctor Limón en su libro, que dejó estipulado que dicha herencia se destinaría a sustentar mientras estudiaban en la universidad a dos naturales de Puertollano “preferentemente parientes suyos”. No queda claro del todo, pero, según esto, parece que tendríamos que Alfonso Limón pudiera ser pariente al tiempo de Miguel Limón y Fernando Muñoz, aunque no logramos saber si realmente fue así y en qué grado.
Sin embargo, según declara el propio Alfonso Limón el 20 de diciembre de 1657 en el expediente de “limpieza de sangre” que era preceptivo antes de conseguir el grado de licenciado (datos publicados por mí en 1988), ninguno de sus cuatro abuelos llevaba ni el apellido Limón ni el apellido Muñoz: sus abuelos paternos fueron naturales de Puertollano y se llamaron Mateo Sánchez Carbonero y Juana Martínez; su abuelo materno nació en Argamasilla de Calatrava y se llamó Francisco Rodríguez Montero, mientras que su abuela materna fue natural de Calzada de Calatrava y se llamó María Álvarez. Los apellidos correctos de nuestro doctor, por consiguiente, serían Sánchez y Rodríguez si siguiéramos la costumbre actual de que el primero corresponda al primero del padre y el segundo al primero de la madre. Pero no todo resulta tan sencillo, pues nos encontramos con otra sorpresa con los nombres de sus padres, dado que según consta en la partida de bautismo del propio Alfonso que don Mariano Mondéjar publicó en su ya citado libro, se llamaron Alonso Limón y Ana García. O sea: el nombre completo de nuestro doctor sería (hoy) el de Alfonso Limón García.
La raíz del equívoco está en olvidar (aunque Vozmediano demuestra saberlo en su libro) que en el siglo XVII no era una regla “fija” llevar los primeros apellidos de los padres, y no era infrecuente que hijos de los mismos padres portasen apellidos diferentes, pues podían elegirlos a voluntad. Buen ejemplo lo aporta el propio doctor Limón: tomó el primero del primero del padre y el segundo del segundo de su abuelo materno. Y el dato definitivo: Francisco, el hijo del doctor Limón que se ocupó de la publicación póstuma del “Espejo cristalino de las aguas de España” escrito por su padre, quiso mantener los mismos apellidos de éste.
Sea como fuere, no está de más recordar los términos exactos en los que aparece redactada la partida de bautismo de Alonso (Alfonso) Limón en el folio 169 vuelto del 2º libro de Bautismos de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Puer-tollano: “Domingo, a 22 de octubre del año 1628. El capellán Pedro Limón bautizó a Alonso, hijo de Alonso Limón y Ana García, su mujer. Fueron sus compadres Juan de Molina y Ana García, su mujer. Pedro Limón (firmado)”. Vozmediano interpreta, por la simple coincidencia en los apellidos (recordemos que el de Alonso era elegido), que también estaría emparentado de alguna manera el nuevo cristiano con el sacerdote que lo bautizó; y, algo aún más raro, que ser “compadre” (padrino) es lo mismo que ser cuñado, sin aclarar tampoco en qué se basa para decirlo. Sí hay que decir, por el contrario, que aunque no podemos saber con total exactitud la fecha de nacimiento de nuestro paisano, pues la que tenemos en la partida es la del bautismo, sí cabe aventurar que sería algún día de la semana anterior a ese domingo 28 de octubre de 1628, dado que por entonces era costumbre bautizar a los niños a los pocos días de nacer.
De nuevo los datos documentales corren en nuestra ayuda, pues hemos localizado en el folio 77 vuelto del 2º libro de Matrimonios del archivo de la iglesia parroquial de la Asunción la partida correspondiente a la boda de los padres de don Alfonso, cuya grafía y puntuación hemos modernizado y que tiene, como veremos, alguna nota curiosa: “Lunes, cuatro de julio de 1622 años. El capellán Juan Ruiz desposó y veló a Alonso Limón, hijo de Mateo Sánchez Carbonero, y Ana García, hija de Alonso (?) Rodríguez “el Mudo”, habiéndose publicado tres veces según y como lo dispone el Concilio para contraer matrimonio, y de las dichas publicaciones no resultó impedimento que obstase al dicho matrimonio”.
En la próxima “Carta desde Toledo” conoceremos ya al resto de la amplia familia del doctor don Alfonso Limón Montero.

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