La Bachillera La Comarca de Puertollano

La Rincona     por Eduardo Egido
Capicúa

Es seguro que no servirá de mucho recordarle al nuevo año su condición de capicúa para pedirle que cumpla nuestros deseos, que sea benigno con nuestras expectativas, que se acomode a nuestras vicisitudes. Al fin y al cabo, el año -cualquiera de ellos- no es otra cosa que una de las credenciales con que intentamos personalizar al tiempo, en una vana aspiración de que cada período establecido sea fiel a determinadas condiciones de homogeneidad.
Sin embargo, sabemos que el viejo Cronos es el más anárquico de los dioses: hay horas que parecen siglos y años que transcurren en un suspiro. Por lo general, la circunstancia que engrasa eficazmente los engranajes del reloj es la felicidad (entendida sea en sentido estoico, que parece más al alcance de la mano). Cuando los cotidianos elementos de este modo de bienestar nos acarician sin rozarnos apenas, con un levedad que hace imposible el empalago, quisiéramos que el tiempo se detuviese para permitirnos disfrutar de la ocasión sin que el recuerdo de su fugacidad nos lo impida. Pero es entonces cuando se pone de manifiesto en toda su contundencia la máxima latina inscrita en los barrocos relojes de salón: Tempus fugit.
Por el contrario, la desgracia y la tristeza vierten su óxido en los cabezales de la maquinaria ralentizando su efecto giratorio. Desespera, ahora, comprobar la lentitud de los insomnios, la dilación de las noches de hospital, la moviola interminable de que se revise el miedo. Daríamos por bueno, a cambio de librarnos de esta gangrena, renunciar al tiempo, cerrar los ojos y estar ya en el día siguiente, en el mes que viene, en otro año no capicúa.
No hace falta insistir en que la felicidad y la infelicidad son siempre individuales, salvo causas de fuerza mayor. De ahí se sigue que si la duración del tiempo se acomoda a los estados del ánimo y estos son ajenos a razones de comunidad, los relojes no dan siempre las horas al unísono para todos; los intervalos entre ellas se acortan o se alargan caprichosamente en función de la azarosa vida de cada uno. Llama la atención que la extensión del período entre hora y hora vaya en proporción inversa a la intensidad del sonido que las anuncia: casi inaudible el continuo repique de las campanillas que jalonan las horas veloces mientras que fragoroso el aire solemne de la campanada del tiempo detenido.
Se concluye que el tiempo tiene, como tantas otras cosas, dos caras. La cara que muestra, representa una superficie sin fisuras, pero de una consistencia blanda, que en el caso de la vida humana se enmarca entre dos fechas, la del nacimiento y la de la muerte. Cuando miramos las lápidas de los cementerios o cuando repasamos las biografías de personajes destacados resulta difícil sustraerse a la tentación de averiguar el intervalo que media entre la una y la otra, y nos dejamos llevar por el espejismo de considerar afortunados a los que cumplieron un dilatado trecho entre su comienzo y su final.
Nos parecen envidiables aquellos que disfrutaron -es el término que nos viene a mano- de la longevidad mientras que los desaparecidos prematuramente parecen estar tocados por un sino trágico.
Por el contrario, despreciamos evaluar la cara oculta del tiempo, la que sólo tiene en consideración los momentos plenos, los exentos de rutina, los que no han sido contaminados por las nebulosas que ocultan las facultades singulares del ser humano. Esta otra contabilidad, que únicamente conoce cada protagonista, constituye la verdadera esencia del tiempo, el resto es la ganga de la vida, la que se desprecia cuando se acrisolan los metales preciosos.
Pidamos al capicúa 2002 que nos provea de la mayor parte posible de vida auténtica, la que nos reconcilia con el hecho irrepetible de estar vivos.
LAS 
GUINDAS

Alberto Rivera, jugador del Real Madrid nacido en Puertollano, milita ya en el Olympique de Marsella, club francés al que llega en calidad de cedido para los seis próximos meses y sin opción de compra ya que el club español quiere conservar al delantero. Rivera acompañará en el ataque a André Luiz en un equipo clasificado en novena posición de la Liga francesa tras 19 partidos jugados. 

Repsol YPF invertirá más de 192 millones de euros para la construcción en Puertollano de una planta de Mild Hydrocracker para la producción de gasoleo de automoción, de acuerdo con las exigencias europeas de reducción de azufre. Esta inversión garantiza la competitividad de la refinería y supondrá más trabajo para las empresas de montajes locales.
 


LA 
GUINDILLA

Se buscan tres árboles (3) “desaparecidos” de sus alcorques a la altura del número 25 del Paseo de San Gregorio de Puer-tollano. En su puesto (hueco) solo ha quedado cemento y parece como si nunca más fuesen a volver a este lugar. 

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