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Ha tardado once meses en
atravesar todo el continente africano, un viaje que ha hecho por su cuenta
y sin necesidad de recurrir a mapas
Carmelo Real Ruiz un “argamasillero” que ha viajado
por los cinco continentes
José C.
Sanz
Dice el refrán
que “Viajar es un placer”, y si no que se lo digan a Carmelo Real. Este
vecino de Argamasilla de Calatrava es un intrépido viajero que acaba
de completar nada más y nada menos, que una travesía por
todo el continente africano. En esta particular y arriesgada aventura ha
empleado once meses, en los que ha pasado por todo tipo de situaciones,
peligros y momentos inolvidables.

Pero no piense el lector
que nuestro viajero sólo ha estado en África, pues resulta
que en realidad era el último continente que le faltaba por acudir.
Carmelo lleva mucho tiempo viajando, pues ha estado en América,
Europa, Australia y dos veces por Asia. Antes de decidirse por el continente
africano, Carmelo realizó un viaje de ocho meses por todo el Asia
Central utilizando como medio de transporte, ¡una mobylette!
En noviembre de 2000,
Carmelo decide irse a África con un amigo de Cataluña y utilizando
un “Land Rover” como medio de transporte. Sin embargo, su periplo se divide
en varias etapas que vamos a resumir brevemente. La primera travesía
la realiza desde Marruecos hasta el Camerún , y como ya hemos apuntado
con un todoterreno, atravesando el desierto del Sáhara, y países
como Mauritania, Mali, Senegal, Níger, Burkina Fasso, Nigeria, hasta
llegar a la frontera de Camerún. En este punto, nuestro viajero
se separa de su amigo y emprende viaje en solitario. Una segunda etapa
donde ha recorrido unos 500 kilómetros en bicicleta hasta llegar
a la capital de Camerún, Yaoundé. Desde aquí viajará
en barco por el caudaloso río Congo que le llevará hasta
el Congo Belga (actual Congo-Brazaville).
En la localidad costera
de Pointe-Noire, los nativos le desaconsejan atravesar la república
del Congo (antiguo Zaire) y también Angola por los problemas de
guerra civil y corrupción, por lo que Carmelo decide tomar un avión
de las aerolíneas angolanas que le lleva hasta la capital de Namibia,
Windhook. Una vez allí, se desplazará hasta Zambia donde
visitará las legendarias cataratas Victoria, después a Mozambique
donde se infectó de una enfermedad muy abundante en África,
la malaria, que le mantuvo convaleciente unos días. Tras superar
los síntomas de esta enfermedad, prosigue su viaje hasta la capital
de Sudáfrica, Ciudad del Cabo. Y de aquí emprenderá
la última etapa de su particular odisea que le llevará hasta
la capital de Egipto, El Cairo, no si antes atravesar diversos países
como Tanzania, Kenya, Etiopía, Sudán, llegando finalmente
al país de los faraones.

En total ha empleado
once meses en los que ha compartido vivencias con tribus africanas como
los tuaregs, los pigmeos, los gimba de Namibia o los masai de Kenya. Ha
quedado impresionado por la variedad geográfica y social del continente
africano, así como de la escasa densidad de población que
tienen la mayoría de los países que ha atravesado, “he estado
en zonas inmensamente deshabitadas como Namibia o Sudán”. En líneas
generales afirma que la mayoría de los africanos son personas hospitalarias,
“un viajero no tiene problemas con nadie si no se los busca” y comenta
que ha visto como muchos de ellos aspiran a conseguir un modelo de vida
más occiden-talizado sin renunciar a sus culturas y tradiciones.
Otra cosa que le ha llamado la atención es la huella que ha dejado
en numerosos países la colonización europea, no sólo
en lengua si no también en urbanismo y mentalidades.
Uno de los países
que más le ha gustado ha sido Etiopía por su asombrosa geografía
montañosa y su variopinta sociedad. Según nos dice, “ves
a cantidad de tribus como esos que se meten un plato en la boca”. En cuanto
a los espacios naturales habla de la dureza del desierto del Sáhara,
de la selva del Congo que es la más extensa del África Ecuatorial,
“y donde ves la naturaleza en estado bruto”, la sabana africana o los parques
naturales, que a juicio de Carmelo, “son un ejemplo de conservación
de los países africanos y que Europa debería copiar”.
El espíritu
aventurero de Carmelo no se detiene. Acaba de llegar y ya está pensando
en su próximo viaje, que seguramente será por la cuenca del
río Amazonas, porque según nos dice, “los ríos han
sido los artífices de las culturas”. En sus innumerables viajes
ha conocido todo tipo de viajeros, la mayoría europeos que como
él poseen una “vena aventurera” que les hace ir de un sitio a otro.
Menciona a un amigo británico que conoció en uno de sus viajes
al Tíbet, Robert Garside, apodado “the runningman”, un personaje
que lleva 5 años corriendo por todos los continentes y que pretende
dar la vuelta al mundo corriendo. Dispone de una página web (www.
runningman.org) donde cualquier persona interesada puede conocer el itinerario
de este “forrest Gump” británico.
Carmelo viaja sin
trazarse una ruta de antemano. No lleva guías, ni mapas. Confía
en la capacidad de las personas para entenderle, y por esta razón
se muestra receloso con algunas tendencias aventureras que se han insertado
en Occidente, debido a la emisión de programas de televisión
como “Lonely planet” (“El planeta solitario”, que se podía ver meses
atrás en la segunda cadena) , porque para Carmelo tratan de ofrecer
una manera de viajar sesgada por una mentalidad anglosajona, “y eso es
condicionarse con una serie de prejuicios que ningún viajero debe
tener”.
Para nuestro particular
héroe, aquél que desee viajar debe también disponer
de un espíritu de conocimiento, de empaparse de las gentes y lugares
por donde vaya. Y es que para Carmelo viajar es un ejercicio de antropología
cultural. Por esta razón, en sus viajes lleva consigo un cuaderno
donde hace pequeños apuntes y reflexiones de los sitios por donde
pasa y de las situaciones que va viviendo. De hecho, una de sus ilusiones
es conseguir que todas estas notas y vivencias escritas se vean publicadas
en un libro de viajes, “algo que sería innovador en nuestra provincia
porque sé que no hay nada escrito sobre este tema”.
Nos despedimos de
Carmelo con la sensación de habernos trasladado a medio planeta.
Y es que para este hombre, “el mundo es un pañuelo”. |