Puertollano La Comarca de Puertollano

El ayuntamiento y la COPE pusieron en marcha un proyecto que contó con el apoyo de todos
Veinte años desde el inicio del primer monumento al Minero
En diciembre de 1981 finalizaba una de las muchas campañas, realizadas por Radio Popular, para la captación de fondos destinados a paliar la situación angustiosa del Club de Fútbol Calvo Sotelo. Este fue el germen de la idea para la inmediata puesta en marcha de un programa de radio, que comenzó en enero de 1982, destinado a obtener fondos para construir un monumento al minero en Puertollano.

La Comarca

Esta idea, que ahora se apoyaba y relanzaba desde la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puertollano, era un deseo constante de esta comarca que se perdía en los últimos treinta años de la historia de la minería local y que, en ese momento, fue retomado por dos ediles del grupo municipal socialista: Eduardo de la Orden González Pozo y Juan Antonio Hidalgo. Después Manuel Muñoz, responsable entonces del gabinete de prensa del ayuntamiento de Puertollano, trasladó la idea al director de Radio Popular de Puertollano, Santos José Alonso García, que la acogió con entusiasmo ya que fue su padre, Manuel Alonso “Manolín de la Casa Grande”, quien más reivindicó a través de sus colaboraciones periodísticas la construcción de este monumento. “Arrancamos con un programa de concien-ciación, nos explica Santos, para conseguir la colaboración de la mayor parte del tejido social y empresarial de Puertollano. En definitiva, la COPE era el medio, el motor, el altavoz, que estuvo a disposición del todos para perpetuar la memoria del minero y del sentir colectivo”. Así se abrió un periodo de muchos meses de cuestación en torno a un programa que se emitía todos los días de la semana, de lunes a viernes, a última hora de la tarde, y que, dirigido por Santos Alonso, con Manuel Muñoz como moderador y Julián Gómez como técnico de sonido, contó con la presencia, casi diaria, de Eduardo de la Orden y de otras muchas personalidades como el propio Víctor Manuel San José, Víctor Manuel, que hizo un alto en su actividad artística y pasó por Puertollano para impulsar el programa con su presencia. Nombres propios como el de Luis Mozos Daimiel o Eloy Núñez, asociaciones de vecinos, comités de empresa, jubilados, personal técnico, políticos, personal de la propia emisora, etc., asistían a diario a este programa para conseguir la mayor cantidad posible de donativos. Para ello, se creó una comisión encargada de mantener vivo al recién nacido programa durante los casi siete meses de su existencia. En el mismo se atendieron más de cuatro mil llamadas, recaudando casi dos millones de pesetas en aportaciones que iban desde los cinco duros hasta las diez o doce mil pesetas: “lo importante, aclara Santos Alonso, no fue el importe de la cuantía recaudada sino la colaboración total de los ciudadanos. No quedó nadie sin colaborar ya que se manejaban listados nominativos con miles de donaciones. Se debería haber hecho un libro con todas las donaciones para “incrustarlo” en el monumento”.


 
 

El monumento

Pero la captación de fondos no fue la única acción emprendida en enero de 1982 ya que el día 7, el entonces alcalde de Puertollano, Ramón Fernández Espinosa, llamó al escultor Pepe Noja para encargarle la construcción del monumento. Noja acepta, pero al conocer la captación popular que se estaba realizando, decide renunciar al montante económico que le correspondería por su trabajo. A partir de aquí, y durante un periodo comprendido entre los meses de enero y abril, se barajan distintas posibilidades sobre el monumento en sí y su futura ubicación: al principio se pensó en una placa de mármol conmemorativa en la plaza de la Mancha, después se pensó en situar el castillete del pozo Norte, con una torreta de veintisiete metros de altura, en la zona superior del paseo de San Gregorio. Esta última propuesta fue la elegida en principio: “Pepe Noja me comunicó, explica Manuel Muñoz, que la idea podría quedar completa con una escultura de unos cinco metros de altura, en mármol negro, sobre un pedestal adosado a dicha torreta y en esa maqueta comienza a trabajar. Pero la gran altura de la torreta sería el motivo del siguiente cambio, ya que al estar situada en el paseo rompería el esquema del mismo. Es entonces cuando se piensa en los cerros de santa Ana y san Agustín, siendo elegido el primero de ellos.” En septiembre comienzan las obras de limpieza y acondicionamiento del lugar elegido para su ubicación, coincidiendo con la presentación de la primera maqueta que desilusionó a todos, porque el minero lleva barba y no alforjas. Pepe Noja, con un poco de disgusto pues la cabeza representaba a un modelo muy querido por él, acepta esta propuesta ya que nunca, según los viejos del lugar, se había visto un minero con barba en esta zona. Una vez hecha la maqueta queda por decidir el material, que al final sería el bronce, y el tamaño en que se va a realizar que pasa de cinco a diez metros de altura. Esta decisión supondría el cambio más profundo en el planteamiento inicial del proyecto ya que ante las grandiosas dimensiones del monumento, ¿dónde se coloca el castillete? Se pensó, incluso, en la posibilidad de instalar un ascensor pero, al final, se optó por la vía más sencilla: quitar el castillete. Paralelamente a todas estas decisiones se llevan a cabo otras acciones para captación de fondos: una subasta, ideada por el escultor y organizada por COPE, de los distintos  bocetos del minero y de la cabeza de la escultura, que consiguió la puja más alta: 60.000 pesetas, además de varios cuadros alusivos a la minería realizados por Hergueta, Chule, Burgos y Barba. El acto tuvo lugar en la discoteca Drag el 18 de noviembre, y con él se obtuvieron 318.200 pesetas; así como la entrega de carpetas informes con la historia del proyecto, bocetos e información general a industrias, bancos, entidades sociales, políticas, gubernativas que, en mayor o menor cuantía, colaboraron con el proyecto hasta un importe total de unos siete millones de pesetas. Pero el coste total de la obra necesitaría finalmente del apoyo económico del Ayuntamiento de Puertollano, ya que sólo la escultura y su instalación cuestan diecisiete millones de pesetas. 

Inaguración

Una vez salvados todos los obstáculos iniciales se acepta la fecha del día quince de enero de 1983 y se propone a la más alta autoridad del país, el Rey, para su inauguración. Pero ni ésta fue la fecha definitiva, ya que el retraso en las obras de acondicionamiento de sus accesos llevó el acto de inauguración al sábado, veinticuatro de febrero, ni se pudo contar con la presencia del Rey, debido a un accidente. Además se invita al presidente del Gobierno, al vicepresidente y a varios ministros: llegó en su representación el secretario de Estado para la CEE, Manuel  Marín. Mientras que Joaquín Almunia, Ministro de Trabajo, envió a uno de sus directores generales: Francisco José García Zapata. También estuvieron presentes las autoridades regionales y provinciales: Jesús Fuentes, como presidente de la Junta, el gobernador civil de Ciudad Real y el presidente de la Diputación. El jueves, 22 de febrero de 1983, a las ocho de la mañana se coloca la primera pieza del minero para, dos días después, proceder a su inauguración oficial con un cerro repleto de autoridades y de público que no quiso perderse este acto histórico. Corte de cinta con himno nacional y una traca por los 256 muertos en un siglo de minería. Más de 3000 litros de vino para celebrarlo y, afortunadamente, sólo un bebedor con una pequeña lipotimia en la Residencia Santa Bárbara. Puertollano contaba así con un nuevo símbolo que, dos días después de su inauguración, amaneció con una gorra de paño colocada sobre su monumental cabeza y, más tarde, fue confundido con un ovni por una mujer residente en la barriada de las 630. 

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