Reportaje
La Comarca de Puertollano

La novela se presenta el próximo día 10 de diciembre en la Casa Municipal de Cultura de Puertollano
Manolo Valero regresa con “Balneario”
En una residencia estudiantil de Ciudad Real el escritor y periodista Manuel Valero (Puertollano, 1954) hizo pública en noviembre pasado su tercera obra narrativa, Balneario, cuya presentación en Puertollano está anunciada para el próximo 10 de diciembre, en la remozada Casa Municipal de Cultura. Balneario, que ha publicado la editorial Soubriet de Tomelloso con ayuda de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla-La Mancha, es la segunda novela de Valero (después de Tres veces quince, editada en 1995), que tiene como pretexto, por epicentro y por santo y seña en el discurrir de su acción el céntrico edificio de la Casa de Baños de Puertollano. Edificio local erigido sobre una huerta de don Venancio Delgado, que es el preferido de este autor, e indeleble del paisaje de su infancia.

Alfonso Castro

Una casa de baños ésta que es paradigmático ejemplo de enclave comodín, de huecos y muros que han sido testigos de excepción en la historia de nuestra población de no pocos episodios de miseria y de grandeza, según vinieran los tiempos. Mismamente de la angustia vital y de la pena-penita-pena de tantos reclusos en la pasada Guerra civil, de los papeleos burocráticos y los malos ratos y tratos (torturas) de una etapa como Comisaría de Policía represiva, de los sonidos angelicales de cuando era conservatorio de música y del devenir placentero y relajado de su uso como balneario...

Y así hasta nuestros días en que la Oficina Local de Turismo divulga en este palacete las excelencias naturales de nuestra comarca y un Puertollano muy mal vendible para el turisteo, después de cómo lo han dejado en las últimas tres décadas una larga nómina de personajes sin escrúpulos, tales que constructores especuladores, urbanistas, gentes acaudaladas, arquitectos y autoridades municipales.
De todas esas funcionalidades del edificio es a la etapa primigenia, la concebida para balneario o casa de baños, a la que va referida la obra de este periodista todoterreno que ha hecho en los últimos años de la literatura el pan suyo (y nuestro) de cada día, ya sea en forma de columnismo realista o figurado en el diario Lanza, o en sus novelas, relatos y cuentos.
Un nuevo libro que su autor había ideado y comenzado a escribir en clave de novela historicista, con un buen número de datos retocados para la fabulación que previamente había obtenido de los testimonios orales de algunos ancianos del municipio y la mayoría de ellos consultados en la obra de varios eruditos locales. Concretamente los historiadores Francisco Gascón, ya fallecido, el sacerdote Mariano Mondéjar y Luis Fernando Ramírez, actual director de la biblioteca y archivo municipales.
Ese fue el origen, pero Manolo acabó escribiendo, una obra de ficción, adentrándose en la novela de época y cuyo hilo conductor ya no es, pues, el discurrir reglado de la Historia, aunque tangencial-mente tenga en ésta una eficiente nodriza. “Al principio quise hacerla más histórica”, nos comentó el escritor, “pero a medida que avanzaba en ella me iba dejando arrastrar por los personajes, entregado a las fauces de la recreación literaria”.
Valero no ha tenido pudor alguno en reconocer que la cocción y el parto de esta novela le han hecho “quemar mucha energía”. Un parto que, como todos los relativos a la escritura imaginativa, en el autor es al tiempo “angustioso y fascinante”.
Y es ahí, en ese parto en solitario, sin gozne que valga, jugando y peleándose con el lenguaje, donde el escritor ha puesto el acento sobre la posible trascendencia de su obra, más que en las expectativas foráneas que pueda deparar el azar de publicar el libro. “Es seguro que no me agobiará tanto”, asegura, “lo que puedan pensar del libro sus lectores, aunque ello me preocupe, como suele agobiar su escritura”.
Y es que Manolo Valero ni es pretencioso, ni busca protago-nismos jactanciosos con su literatura. Para él lo verdaderamente importante es sacar fuera cuánto lleva dentro de sí (que no es poco) y crear sus propios mundos de ficción, manteniendo ese estilo plástico y en algún modo onírico que caracteriza su prosa.
Con este tercera entrega el autor de Cuentos del Havana, fundiendo un lenguaje más cultista con la lengua más popular de la época, ha pretendido recrear “la atmósfera y la escenografía deci-monónicas de unos baños públicos”, en palabras suyas. Unos baños que en la segunda mitad del siglo XIX alegraban y daban mucha vidilla a un pueblo que aún no había descollado, si bien su primer desarrollo esencial no tardaría en llegar de la mano de las explotaciones mineras.
En aquel balneario se daban cita personajes burgueses y aristocráticos, junto a los que Valero introduce personajes más populares, como la tal  Arcángela, basado en aquel legendario personaje ermitaño de los años franquistas, tan real como irreal, apellidado Guerrero.
Otro personaje también histórico y de protagonismo central en la novela es el doctor Carlos Mestre, gran impulsor y primer director del balneario, cuyas dotes de persuasión y tenacidad acabaron haciendo grata mella en el General Narváez, presidente del Gobierno hace siglo y medio.
Balneario, que según su autor es “paradigma del ambiente convulso de la España de aquella época”, es también la primera parte de una trilogía en la que el escritor se propone novelar un siglo largo de la Historia última de Puertollano.
Su continuación será La tierra negra, nombre prácticamente ya definitivo para una novela que ya está en fase de consulta documental y que abarcará el tiempo que va desde 1873 a 1936, en el que Puertollano gravita casi exclusivamente en torno al auge de las minas de carbón. Y a esta Tierra Negra sucederá un tercer y último tomo que recreará el Puertollano industrial del petróleo y sus derivados, incluyendo toda la etapa franquista desde 1940 hasta la celebración de las primeras elecciones democráticas a finales de los años setenta.
 
 
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