Edición mensual - Octubre 2011 - Opinión

Orificios

Canon

José Rivero

Nº 239 - Opinión

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Manuel Juliá ha venido a establecer su Canon particular de lectura en pasados días de julio. La particularidad del tal ‘Canon juliano’ es la de estar limitado a diez textos de lecturas recientes de autores regionales –que él llama ya como manchegos-. Cosa que es de agradecer por el compromiso personal que comporta tal propuesta: decir y aconsejar aquello que entre lo leído personalmente, merece ser recordado y aconsejado. No siempre alguien personaliza sus ideas y gustos, y sugiere una propuesta razonada y razonable de lecturas para el verano, o para todo el año. Canon, que consecuencia de la trayectoria personal del responsable del listado, daba más cabida a la Poesía (cinco títulos), frente a la Novela (dos títulos) y al Ensayo (tres títulos). Aunque Juliá dejaba clara la posibilidad de haber proseguido ampliando la rúbrica de sus consejos de lectura y de haber configurado un Canon ampliado.

Algo parecido al ‘Canon Ampliado’, pero camuflado en la impersonalidad de una encuesta, nos proporcionaba a finales de primavera, el numero reenganchado de la revista ‘Añil’, que bajo la estela de ‘2000-2010. Balance de una década’ daba cuenta de las preferencias lectoras de sus lectores en esa década cerrada. La poesía emergía con ‘El don de la ignorancia’ de Corredor Matheos (avistado por Juliá), la antología de Miguel Casado ‘Mar interior’ y el último Martínez Sarrión ‘Última fe’. La novela destacaba con Félix Grande y ‘La balada del abuelo Palancas’, la antología de Paco Gómez Porro ‘A cielo abierto. Narradores de CLM’ y el ‘Paisaje infinito’ de José Rivero (igualmente recuperado por Juliá). Y el paquete del Ensayo, se componía con ‘La tierra iluminada. Diccionario literario de CLM’ de Gómez Porro, ‘La guerra civil en CLM, setenta años después’ de Alía y del Valle y ‘La universidad, un reto de CLM’ de Sánchez y Muñoz.

Como complemento del Canon citado, en el mismo número de Añil, María Rubio nos proponía un ‘Canon de género’ dedicado sólo a escritoras regionales, para compensar tal vez las ausencias femeninas de algunas listas y selecciones. Alicia Giménez Bartlett (‘Donde nadie te encuentre’); Clara Sánchez (‘Lo que esconde tu nombre’); Ángel Vallvey (‘Muerte entre poetas’); María Dueñas (‘El tiempo entre costuras’) y Pilar Pedraza (‘Las joyas de la serpiente’ y ‘La fase del rubí’), componían no sólo el ‘Canon de género’, sino una suerte de ‘Contracanon’.

De igual forma en agosto, Carlos Fuentes al recibir el Premio Formentor de Literatura, ha dejado caer el Canon literario sudamericano del siglo XX que compone su trabajo ‘La gran novela latinoamericana’. Con nombres tan imprescindibles como Borges (‘El Aleph’), Carpentier (‘Los pasos perdidos’), Cortázar (‘Rayuela’), García Márquez (‘Cien años de soledad’), Lezama (‘Paradiso’), Onetti (‘La vida breve’), del Paso (‘Noticias del imperio’), Roa Bastos (‘Yo el supremo’), Rulfo (‘Pedro Páramo’), Vargas Llosa (‘Conversación en la Catedral’ ) y Tomás Eloy Martínez (‘Santa Evita’). Incluso el autor mexicano anticipaba su propio canon latinoamericano del siglo XXI.

Finalmente Juan Palomo en su semanal referencia del suplemento ‘El Cultural’ daba cuenta de otro ‘Canon Raro’. Referido al de los libros más robados en las librerías de los Estados Unidos. Lista que encabezaba Charles Bukowski, Williams Burroughs, Jack Kerouac, Paul Auster y Martin Amis. Y lista de libros robados que querría ver ampliada el autor al suelo patrio. Y ¿qué saldría de tal saldo cleptómano? ¿qué libros son los más robados en las librerías españolas, por ser lo más apetecidos? Porque en el fondo esa relación también establecería ciertas preferencias lectoras, aunque sea un Canon temible para los libreros.