Edición mensual - Contraportada - Junio 2011

La Rincona

El sandwich de pepino

Víctor Morujo

Nº 236 - Contraportada

Imprimir

Aunque cuando llegó a América el sándwich de pepino llegó a admitir todo tipo de compañías, como el salmón con eneldo, la mostaza o el queso, su verdadera naturaleza exige que finísimas rodajitas de esta cucurbitácea, una vez reposadas en papel secante, se incluyan en el mismo instante en que vayan a ser servidas entre dos delicadas rebanadas muy finas de pan de molde blanco sin su corteza, untado con precisa uniformidad con una casi imperceptible película de mantequilla, cortado con un cuchillo afiladísimo en cuadraditos o triángulos.

El sándwich de pepino, en esencia, es una exquisita oda a la insustancialidad, de sabor apenas perceptible para paladares como el nuestro, acostumbrado a tenerlo como un refrescante huésped, ora nadando en impactantes gazpachos, ora en sabrosas ensaladas, ora en contundentes pipirranas. Los más atrevidos hijos de la Gran Bretaña se permitían dejarle su fina piel verde, al menos en parte, con el fin de añadir su toque amargosillo a tan insípido canapé. La cáscara, precisamente donde los alemanes aseguraban se encuentra la maléfica bacteria E. Coli. Dado que se trata de un microbio de reciente descubrimiento, ignoramos si, a lo largo de su decimonónica historia, esta hortaliza ha causado estragos entre los súbditos de la Reina Victoria de más alta posición, que los consumían a la hora del tentempié y del té.

Precisamente, la propia levedad intrínseca del sándwich de pepino lo convirtió en moda entre ladies y gentlemans, cuya existencia era tan ociosa que, para ocupar el tiempo, se tomaban el suyo para vestirse de forma distinta para comer, y después para fumar (de ahí lo del smoking, una prenda inventada para quedarse con el olor a tabacazo, dejando así a salvo a la chaqueta), para pasear, para media tarde, para ir al teatro… Con tamaño ritmo de vida, cuya mayor expresión de esfuerzo deportivo era el juego del cricket o ir a lomos de un caballo persiguiendo un pobre zorrillo, a estas personas tan desocupadas el aburrimiento les impulsaba a comer a todas horas (de hecho inventaron el aperitivo, entre el desayuno y el almuerzo, y la hora del té, entre éste y la cena, y reservaban determinadas horas del día para las copitas de brandy, jerez, oporto, o el maravilloso gin tonic) y el sándwich de pepino, carente no sólo de sabor, sino también de calorías, era el placebo perfecto.

Oscar Wilde ponía a sus personajes en la mano derecha un sándwich de pepino a la primera de cambio, y eran ridiculizados diciendo sus frivolidades con esta especialidad culinaria como símbolo de su propia inanidad. Desgraciadamente, la historia se está repitiendo y, en medio de la ola políticamente correcta y de las cruzadas por nuestro propio bien, están intentando colarnos un mundo basado en el sándwich de pepino, tan bonito como vacío, para conseguir perpetuar un sistema en el que, personas que no han sido elegidas pero manejas los aparatos políticos, usan a sus cargos electos como un dedo que aprieta un botón y en el que “los mercados”, personas avariciosas que no han sido elegidas pero manejan a quienes no quieren dejar sus coches oficiales, les obligan a atragantarse con sus propios principios y a joder a sus votantes a conciencia. Menos mal que hay quien se ha animado a echarle un poquito de mostaza al invento. Pero la mostaza no basta, ellos dirán que la mostaza les encanta, aunque no la vayan a probar jamás.

Frente al sándwich de pepino, el que suscribe propone el invento más excéntrico, chocante y glorioso del pueblo llano: el bocata de calamares, que sorprende y maravilla a todo extraño que nos visita, un invento que ha escapado en todo el mundo mundial incluso a la imaginación de quienes decidieron ponerle salmón al susodicho canapé. Y si la cosa sigue así, unas migas y una caldereta en la plaza pública, con el mayor índice de colesterol posible.

LAS GUINDAS

El Foro Participativo de Salud del área sanitaria de Puertollano tiene como prioridad la construcción de un nuevo complejo hospitalario en la localidad, además de un quinto Centro de Salud en Puertollano y el segundo de Argamasilla de Calatrava.

----------

Cospedal no se ha pronunciado al respecto pero sí el alcalde de Puertollano quien ha recordado: “Lo quieren los ciudadanos, es una petición justa y se trata de colaborar entre todos”. Una colaboración más que necesaria cuando este hospital era una promesa de Barreda en campaña electoral que ahora tiene que corroborar el gobierno castellano-manchego.

----------

Ni el militante del Patido Socialista de Puertollano, Manuel Pérez, ni ninguno de los ocho aspirantes a la presidencia del Gobierno de España que habían anunciado su intención de presentarse a las próximas elecciones, han logrado reunir los avales suficientes para poder competir en unas hipotéticas primarias. Sin candidato de Puer-tollano, ni de ninguna otra parte, Rubalcaba será el único.

LA GUINDILLA

La aventura de un club deportivo unificado se termina con el ascenso del equipo de fútbol sala a la división de honor y, sobre todo, con la desaparición del jeque árabe que iba a apadrinar el proyecto. Más temprano que tarde las aguas volverán a su cauce y cada uno volverá a tener su propio nombre y apellidos. La lógica manda.