Edición mensual - Extra Navidad 2010 - Colaboraciones

Aguinaldo con villancicos flamencos

Francisco Correal

Nº 230A - Colaboraciones

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Dame el aguinaldo, carita de rosa, que no tienes cara de ser tan roñosa. El tiempo no ha podido con el recuerdo de los villancicos. Con el aguinaldo, qué bella palabra en desuso, sí, académicos, que sólo con acento os preocupan las pamplinas, con el aguinaldo, digo, que aquellos niños que nunca se fueron íbamos por las casas. Éramos como pequeños sociólogos que recogíamos el ambiente de las fiestas, las caras alegres y los rostros mustios. Fue entonces cuando con una precocidad inusual probamos el alcohol por primera vez: con la inocencia de lo desconocido, la mistela, el vino dulce, el aguardiente. La calle era una algarabía de pandillas que iban haciendo la ronda por las casas, unas familiares, otras desconocidas. El villancico es el himno nacional de esos tiempos. Tiempo de navidad que es el tiempo de la infancia. El mejor juguete es sin duda el tiempo que nos regalaba el calendario navideño: tiempo para conquistar la calle pese a los fríos del llamado clima continental, a saber: mucho frío en invierno, mucho calor en verano y la playa más cercana muy lejos.

La reinauguración del campo de fútbol del poblado forma parte de ese pasaje de recuerdos y añoranzas. La caja que puntualmente llegaba en la primera quincena de diciembre con polvorones de Estepa, que yo entonces imaginaba que era la estepa rusa y no un hermoso pueblo serrano de la provincia de Sevilla, en la carretera de Málaga. Le he querido poner voz a aquellos villancicos. El domingo leí en el periódico donde trabajo una entrevista con el cantaor de moda. A Miguel Poveda lo vi cantar en directo en un espectáculo que organizó Jesús Quintero, el loco de la colina, para sumarse a la declaración del flamenco como patrimonio inmaterial. Entre paréntesis, yo también voy a promocionar la Fuente Agria, la chimenea cuadrá y el panquesito. Poveda cantó por Valderrama, por Mairena y por Camarón, con una cantidad de registros propios de un artista completo. Nació en Badalona, hijo de padres emigrantes. Lo que yo no sabía, y descubrí en esa entrevista, esque su padre llegó desde Murcia y su madre, la que lo introdujo en el mundo del cante, es de Puertollano. Otro paisano que añadir a la larga nómina de hijos ilustres. Qué lujo la voz de Poveda para esos villancicos de la memoria. Siempre hubo aquí (allí, me pierdo en los adverbios: son proverbiales), en Puertollano, un sexto sentido para el flamenco. Es pionera la peña Fosforito, homenaje permanente al cantaor de Puente Genil que ahora preside uno de los organismos que canalizan los proyectos del flamenco.

Villancicos de Poveda por el túnel del tiempo para recordar la Navidad. El nacimiento del Niño Dios, el nacimiento del niño que todos llevamos dentro y que como el personaje de El tambor de hojalata de Günter Grass se niega a crecer y siempre vuelve a llamar a la puerta con la zambomba, la pandereta, y espera el misterio: que abra un señor con bigote que te invita a entrar o una abuelita renqueante que pega el portazo. Éramos niños inspectores, viajantes por el circuito de las familias. Una tradición con la que ha ido terminando la megalomanía navideña, la mercadotecnia de la ilusión y el final de la inocencia. El niño tiene un enorme patrimonio: el de su ignorancia, las cosas que no sabe y que va descubriendo. Ahora se lo queremos mostrar todo de golpe, el embudo de la sabiduría impostada. Y los villancicos quedan como sonidos antediluvianos de la edad de Piedra y del serrín de los belenes. Villancicos flamencos con ecos de Miguelturra en recuerdo de aquella festival coral que todos los años venía desde pueblo tan carnavalero a la casa de mi tio Ramón. Canciones ingenuas y picaronas, cuando el pesebre era un portal y no el fondo de reptiles.