Edición mensual - Mayo 2010 - Cultura

Jesús Cortés, un pintor para pregonar las ferias de mayo

J. Carlos Sanz / Eugenio Blanco

Nº 223 - Cultura

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Jesús Cortés Caminero, alias “Chule”, dio botadura oficial a las ferias de mayo 2010 en calidad de pregonero. Un discurso trufado de evocaciones a la niñez, ofreciendo una retrospectiva de sus primeras vivencias en el recinto ferial con alusiones a una época en la que las ferias se vivían en el Paseo de San Gregorio. Un discurso de tintes dicharacheros, de flashbacks al pasado de un hombre que nació en Argamasilla de Calatrava pero que a los ocho años se vino a vivir a Puertollano. Desde muy pequeño sintió la llamada del color y pese a su formación autodidacta (si bien posteriormente cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real) la trayectoria profesional de “Chule” ha sido muy destacada logrando más de 40 premios en certámenes y concursos. Durante unos años perteneció al colectivo pictórico “Mancha 10” y su pintura se caracteriza por el dominio de figuras pétreas, de paisajes arqueológicos y de un uso del color que hace recordar continuamente el pasado quizás para poner de relieve la necesidad de aprovechar el momento.

Previamente, el alcalde de Puertollano, Joaquín Hermoso, se mostró satisfecho porque este año la figura de pregonero recayera en Jesús Cortés al que definió como “hombre ilustre que vive la cultura y el arte”. Aseguró que existía una deuda pendiente con Cortés, un débito que ha quedado saldado con su nombramiento como pregonero de las ferias 2010. Y aunque muchos no estén para fiestas, ahí está la crisis para recordárnoslo, el alcalde animó a todos a hacer un ejercicio de paréntesis, un kit-kat festivo para disfrutar de la idiosincrasia de una feria “diferente” a las que hay en La Mancha debido a la cercanía con Andalucía y que impregna a las ferias de mayo de Puertollano de un componente diferencial.

Un pintor que escruta el paso del tiempo

“Todas mis obras contienen unos elementos esenciales: la escultura, la arqueología y los lugares perdidos o abandonados”. Este es el preámbulo ante la explicación de esta elección de estilo: “Tiene su lógica, para mí la escultura es el pretexto para pintar la figura humana, lo esencial es el ser humano, sí, pero pinto su escultura, como símbolo de la huella que vamos dejando, como constancia del tiempo y del pasado”. Sus pinturas, lógicamente, describen sus inquietudes: la deformidad de lo humano, la lucha para que la memoria no se erosione, la preocupación por la naturaleza y la necesidad del mestizaje. Se podría decir que es un pintor de raza, que escruta el tiempo e inventa realidades desvariadas. El fin: la búsqueda de un espacio onírico y lleno de limpieza “que me haga escapar de este mundo que tenemos”. Las palabras que el pintor ofrece sobre su propio trabajo son iluminantes: la escultura le sirve para representar al ser humano como símbolo imperecedero por una parte, pero nimio por otra. Captar la fragilidad de la vida, “somos granos de arena”, pero también apostar por la fortaleza de las épocas. Tampoco falta el afán por el mestizaje: “combino las épocas y las culturas, hay un cuadro mío que tiene una escultura clásica en primer plano, pero el fondo representa cabañas de un poblado africano”. El afán por recobrar los vestigios de la Historia es una constante en la obra de Cortés; también la certidumbre de que no hay territorio prohibido en el arte y que la mezcla de épocas o tiempos remotos con la geografía onírica de diferentes paisajes representativos de distintas culturas es algo que engrandece ya no sólo el arte o la pintura, sino también a la propia humanidad.

Los paisajes derruidos, las lascas de piedra, el desconsuelo de los fondos y los resortes de lo perdido también se dan cabida en la obra de Jesús Cortés. “Me gusta recrear ciudades perdidas y lugares olvidados”, seguramente como agitación o como desahogo: “vivimos en un mundo donde somos esclavos de nuestros egos y de nuestras ansiedades”, esa disconformidad con el mundo que habita se refleja en la recreación de esos parajes desolados donde sus esculturas humanas (tal vez hombres convertidos en piedra) puedan expresarse con violencia. Porque Jesús Cortés cree con ahínco que la pintura debe comunicar por sí misma, se debe representar exclusivamente a sí misma para poder expresar: “Hay que sorprender al espectador para que reaccionen, es como en el teatro, hay que provocar”. El impacto de la imagen debe ser inminente, limpio y verdadero, sino el espectador sentirá indolencia ante la obra.

Comprometido

“Me considero un artista comprometido”. Esta aseveración no resulta gratuita, la visión paciente y reflexiva del pintor es algo que no escapa. También se destilan de sus palabras un pesimismo que no deja de ser algo así como vitalismo azorado, “cómo no voy a ser pesimista cuando veo que sólo nos gobiernan las multinacionales”.Sin embargo, Cortés nunca sabe a ciencia cierta hacia qué lugar le va a llevar el pincel, “yo muchas veces pinto, pero no sé lo que pinto”, y lanza una carcajada que le proviene del mismo diafragma. Esta supuesta desorientación artística hace recordar las palabras que el poeta simbolista, Stephan Mallarmé, le dijo a un periodista cuando éste le preguntó el significado de un poema: “Hijo, cuando lo escribí sólo Dios y yo sabíamos lo que estaba componiendo, ahora sólo lo debe saber Dios”. Son dos maneras de expresar el enigma de la expresión artística, algo te lleva hacia algún sitio y no siempre se puede guiar esa pulsión.El pintor hace un inciso y en una hoja de papel dibuja una línea recta: “Siempre se nos dice que hay que ir derechos por esta línea, y yo creo que hay muchas bifurcaciones, muchos otros caminos que tenemos que tomar, hay muchas cosas aún por descubrir”. Este mensaje del pintor va a colación de unas palabras que hace poco descubrió o rememoró otro poeta, Ángel González: “No se puede ser artista sin romper los esquemas impuestos”. Habrá que estar atentos a la pantalla, los nuevos bocetos que van a regir la nueva etapa de Jesús Cortés ya se orean en su estudio. Más color, más expresividad, una vuelta de tuerca más a la búsqueda de libertad. Donde le lleven los pinceles, porque lo que es evidente es que pintar es necesario para él: “Necesito pintar, no sé, para que mi cabeza vaya por ahí...”