Edición mensual - Enero 2010 - Puertollano

Orificios

El vértigo del año

José Rivero

Nº 219 - Puertollano

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No se vayan a pensar que hablo del vértigo de 2010, recién comenzado. De un vértigo como pérdida de equilibrio o como falta de base de sustentación, más que de un vértigo entendido como actividad intensísima.

No creo, que pese a las pronósticos esgrimidos de recuperación económica, el año inaugurado vaya a contar con una actividad enormemente acelerada. Estamos pagando la penitencia de unos años pecaminosos en sus gozos y crecimientos.

Sería injusto, por otra parte, apalear el calendario antes de tiempo y tratar de mover el muñeco del año naciente. Dejémoslo ir, y en mayo hablaremos. Aunque ya se que todo lo venidero infunde incertidumbre y suscita alguna confusión. Por más que vaya a ser un año mundialista en lo futbolístico y jubileo en lo canónico

El vértigo aludido en el título, está referido más bien al año ido, que algunos ya denominan como ‘annus horribilis’ por sus muchos pesares y desgracias acontecidas. Salvo para los hinchas culés, Zapatero entre ellos, que han visto que 2009 ha sido ciertamente, un año de vértigo, de esos que no se repiten.

Un año pues vencido y que se pretende cerrar a cal y canto o con los siete cerrojos del cuento. Si es que los años se van a alguna parte y sólo dejan tras su paso una secuela de manchas acuosas de difícil discernimiento. Que esa es otra de las dudas. Por lo que queda claro es que aunque los años se vayan, sus efectos permanecen y modelan los cuerpos de los mortales.

Un año de estrépito económico y laboral en el panorama nacional. De tal suerte que se ha invocado, como eje del futuro posible, el cambio del modelo productivo y por ello se ha puesto en marcha la Ley de Sostenibilidad Económica.

Un año, el vencido, donde hemos asistido a un enorme desgaste del gobierno de turno, sin que la oposición llamada a ser el relevo natural de ese Gobierno, crezca y se estire.

Con acontecimientos regionales de vértigo: desde la intervención de CCM, hasta su extraña salida de la mano de Cajastur; desde el incendio devastador en las Tablas de Daimiel, al parón de la reforma del Estatuto de la Comunidad.

Un año en el que hemos buscado a García Lorca, por los terrizos granadinos de Alfacar y no le hemos encontrado. Un Lorca esgrimido como epítome de la Ley de Memoria Histórica, que nos produjo la misma rara y extraña impotencia del año torcido. Que eso, finalmente, fue 2009.