Edición mensual - Enero 2010 - Puertollano

Una voz que vuelve

Noche de invierno sin nubes

Manuel Juliá

Nº 219 - Puertollano

Imprimir

Vemos en el programa de Punset imágenes de humanos futuros viajando por el espacio. Dicen los científicos de la Nasa que mañana se podrá ir a los confines de la galaxia con la facilidad que ahora se viaja de un lugar a otro de la tierra. Por eso el documental muestra cómo nuestra especie es capaz asentarse en planetas de hielo y en planetas de fuego, en cometas heridos y en lunas de viento. Y yo, cuando veo a nuestros sucesores con la escafandra descubriendo territorios ignotos, entiendo que el privilegio de la inteligencia nos vuelve hermosos y buenos, casi dioses infantiles que descubren su poder entre lo inmenso.

Por eso me gustan tanto los programas sobre el espacio. Porque a pesar de que tal inmensidad descubre nuestra pequeñez, también refleja nuestra grandeza: ser, al cabo, los solitarios descubridores de la belleza de un territorio muerto, al menos en lo conocido hasta ahora. Por eso, los que amamos la parte hermosa de la paradoja humana, dedicamos demasiado tiempo a mirar hacia arriba, a sentir cómo se nos eriza la piel mientras observamos la luminosa oscuridad del universo. Queremos calmar las dudas metafísicas sintiendo la explosión de los secretos del espacio en una noche de invierno con cielo despejado.

Dicen que desde las lunas de Júpiter se ven los paisajes más hermosos de la galaxia. Dicen que desde Marte la tierra se ve más azul que los ojos de Nicole Kidman. Dicen que en Mercurio casi se tocan los desordenados cabellos del sol y que desde la Luna el universo es casi tan hermoso como visto desde Sierra Morena. Y si miramos con el telescopio hasta el fondo, estrujando sus cristales, sentiremos el chisporroteo extático de los anillos de Saturno, los destellos de Júpiter entre las estrellas que se mueren. La verdad es que envidio a esos seres futuros que viajarán por el universo. Porque ahora sólo queda vivir una ficción que, poco a poco, los descubrimientos científicos va adelantando. Como el que nos dice que la vida viene del agua de los cometas. O sea, que venimos del espacio, por eso nos gusta tanto mirarlo. Ya sólo nos falta saber quiénes somos y adónde vamos.