Edición mensual - Julio 2008 - Opinión

La renta básica ¡por dios!

Horacio García Pacios (Presidente de ARENCI)

Nº 201 - Opinión

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Teresa de Calcuta dijo una vez que para ayudar a los pobres hay que ser pobre. Bastaría con que los políticos y gestores del entramado institucional se pusieran en lugar de los últimos. Pero de la misma manera es lógico pensar que para ayudar a los ricos hay que ser rico, por eso ganan tanto los políticos y cargos institucionales, para los que no hay crisis. En ellos no se ve asomo alguno la aplicación de los derechos mínimos para sobrevivir, ni siquiera de caridad política, de solidaridad real o filantropía, a no ser como disfraz, como sí hubo, por ejemplo, en san Francisco y santa Clara de Asís, en san Ignacio de Loyola, o en san Alfonso Mª de Ligorio, quienes siendo ricos se hicieron pobres por amor. ¿Hasta qué punto podemos considerar solidario a quien tira, propagandísticamente, de talonario a cuenta del contribuyente, y no suya; como sucede con los 500 millones contra el hambre de nuestro presidente Zapatero? Y, sin embargo, aumenta la pobreza y el hambre. Solidaridad es compartir hasta lo que se necesita para vivir; lo demás es hipocresía. Ya lo dice su Evangelio: no se puede servir a dos señores, a Dios y a las riquezas. La “desaceleración” no es la causa, sino un síntoma de que algo ya no funciona y no puede funcionar más. Pero prevenir es posible. Los políticos, y más los ciudadanos corrientes, deberían estudiar la Teoría Alternativa que se encuentra en el libro de Ramiro Pinto: «Los fundamentos de la Renta Básica y la ‘perestroika’ del capitalismo». Cuenta exactamente lo que está pasando hoy en día y ojalá se actúe antes, de lo que sigue en sus estudios de lógica económica. Hay que romper amarras con ese pensamiento que oscila entre Keynes y la Escuela de Chicago. Hay que abandonar los caminos trillados keynesianos y neoliberales, que ya no dan más de sí, y atreverse a navegar mar adentro, desde la ciencia económica y los derechos de ciudadanía, o seguiremos sufriendo sin necesidad, pudiendo ser más felices con la Renta Básica de Ciudadanía. ¿O es más justo las rentas de lujo de los políticos en instituciones y de los partidos?