Edición mensual - Julio 2008 - Cultura

Con el lema “Yo soy clásica”, la XXXI edición profundiza sobre el protagonismo femenino en la dramaturgia del Siglo de Oro

Y el festival de Almagro se hizo mujer

J. Carlos Sanz

Nº 201 - Cultura

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La Venus de Urbino que pintara Tiziano es la imagen oficial de la XXXI edición del Festival de Teatro Clásico de Almagro; en uno de sus costados, y en letra impresa, se lee “Yo soy clásica”, el eslogan que la organización del festival ha escogido este año con la intención de reflexionar sobre el protagonismo de la mujer en la dramaturgia del Siglo de Oro y por ende en el ámbito escénico. Es inevitable enlazar este leitmotiv con una coyuntura actual donde los políticos apuestan por la paridad de géneros y ante un clima favorable para que la participación de las féminas en todas las áreas sociales se normalice de una vez por todas.

El festival de Almagro no podía pasar por alto la tesitura y por ello la programación de este año huele a fragancia femenina, tanto en los montajes como en las numerosas actividades complementarias. Más allá de la exhibición de representaciones teatrales, el festival de Almagro quiere ahondar en su función de servicio público, en ofrecer a los más de 75.000 visitantes que este año pasarán por allí un espacio vivencial de reflexión; la intención de Emilio Hernández, Director del festival por tercer año, y su equipo no es sólo atiborrar de propuestas escénicas al público si no que estos tomen partido del guante lanzado y mediten acerca del protagonismo de la mujer. Porque para Hernández igual de importante es que el festival cuente con patrocinadores públicos y privados, empresas que llevan a cabo una labor de mecenazgo, como que avance en su tentativa de acontecimiento sociocultural.

La huella de la mujer en el teatro clásico

Lo que hoy parece obvio, la implicación de la mujer en la creatividad y en el mundo de la cultura sin apenas cortapisas, era algo impensable en los siglos que nos han precedido. En aquellos tiempos, las mujeres las pasaron canutas pero lejos de aceptar esta exclusión en los últimos 400 años “se han ido reafirmando en el ámbito teatral, ya sea como espectadoras o encima de los escenarios” reconoce Hernández.

Y sí, es evidente que hoy las mujeres colmatan con su presencia e intervención los ayuntamientos, las asociaciones, los diferentes colectivos, cómo no el teatro, pero esta situación ha sido el resultado de enconadas luchas, de continuas reivindicaciones y en el plano del género clásico este planteamiento debía materializarse, difundirlo a la ciudadanía y sobre todo profundizar en un hecho singular: a diferencia del teatro que se hacía en Europa en aquella época, donde los principales protagonistas de los obras teatrales eran hombres –el exponente más claro es Shakespeare-, en el teatro español del Siglo de Oro la mujer tuvo una relevancia destacable como así asegura Emilio Hernández. “Los autores españoles elaboraron textos donde presentaban a las mujeres desde un punto de vista revolucionario, con una carga muy liberal y que les servía de espejo a las féminas de aquel entonces tanto para reflejarse como a modo de lección para su vida cotidiana” explica el director del festival de Almagro.

Al contrario de lo que cabría pensar, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Lope de Vega, etc, no eran los únicos dramaturgos de la época; también hubo mujeres que dieron ese paso, caso de Feliciana Enríquez de Guzmán y Sor Juana Inés de la Cruz, autoras que han servido de inspiración a compañías y que pondrán en escena montajes como “Las gracias mohosas” por parte de la andaluza “Teatro del velador” o “Los empeños de una casa” a cargo de la mexicana “Coordinación Nacional de Teatro”. De igual manera, hay que destacar la presencia de dramaturgas actuales como la francesa Catherine Salviat así como diversas narradoras orales que también se darán cita en Almagro.

Esta XXXI edición amplía la impronta investigadora que Hernández se marcó desde su llegada a la dirección del evento. Si en ediciones pasadas, el festival abría sus puertas para darse a conocer en todo el mundo y se autobservaba para comprobar cuánto de los valores clásicos sigue vigente en la sociedad actual, ahora invita a zambullirnos en un fenómeno escasamente conocido, la figura de la mujer en el teatro del Siglo de Oro. “Con relación al mundo femenino y frente a Europa, este país ha sido poco pionero pero no ha sido así en el caso del teatro y por eso hay que celebrarlo” explica Hernández. A la mujer se la ha marginado hasta muy recientemente, un hecho a todas luces lamentable pero curiosamente en el escenario ibérico se produjo la transgresión como así lo destaca Hernández; “hubo grandes actrices que se asociaban y luchaban por obtener normas que las favorecieran ya que sólo podían actuar si eran la mujer o hija de algún hombre importante. Más tarde, reclamaron su independencia hasta que la dureza del poder de la iglesia acabó prohibiéndoles en ciertas etapas la presencia en los escenarios” y la vuelta de tuerca ocurrió cuando los dramaturgos españoles de aquel entonces escribieron obras con papeles femeninos destacables “porque sabían que eso era un reclamo importante, había muchas espectadoras como pasa hoy donde la gran mayoría de los asistentes a los patios de butaca son mujeres”.

De lo que se trata es de equilibrar los valores reales y de paso eliminar las deudas históricas contraídas con el ámbito femenino, “elevar a categoría de normal lo que es sencillamente normal como en su día dijo aquel político de la Transición, Adolfo Suárez” agrega Hernández.

La edición con más funciones teatrales

Almagro es el marco idóneo para esta celebración escénica ya que la edición de 2008 será la más numerosa en cuanto a representaciones teatrales, un total de 165 funciones. Tal volumen de espectáculos abruma hasta al propio Emilio Hernández que no es capaz de recomendar los más imprescindibles. Él aconseja que el público se dosifique durante las tres semanas que dura el festival y escoja de entre la amplísimia programación aunque puestos a elegir, Hernández sugiere no perderse el comienzo arrollador del festival con “Don Juan en los ruedos”, espectáculo gratuito que tendrá lugar en la Plaza Mayor a cargo de “La cuadra de Sevilla” dirigida por Salvador Tábora, “es la compañía nacional más conocida junto a la Fura dels Baus” señala. La Compañía Nacional de Teatro Clásico, imprescindible en el festival de Almagro, apuesta esta edición por la comedia con tres montajes: “Las manos blancas no ofenden”, “El curioso impertinente” y “La noche de San Juan”.

Como dramaturgo que es, Emilio Hernández estrena en esta edición su adaptación de “Don Juan, el burlador de Sevilla” de Tirso de Molina. Se representará en la Antigua Universidad Renacentista y Hernández promete humor, diversión, pasión y estupefacción “con ese joven actor que va a dejar pasmado a todo el mundo y que es Fran Perea. Y por supuesto el resto de actores, Ana Salazar, Marina San José o Manuel Tejada, un plantel excelente” vende bien su espectáculo el director del festival. Y tampoco se olvida de “Las gracias mohosas” escrita originalmente por Feliciana Enríquez de Guzmán y cuya representación será en el Patio de Fúcares, un montaje que hace once años se estrenó en Almagro “y que de nuevo va a maravillar porque cuenta con nuevos actores y modificaciones” aclara Hernández. Dentro del proceloso listado, tampoco podemos olvidar la presencia de Rafael Álvarez “El Brujo” así como nuevos espacios escénicos, caso de la Casa de los Miradores donde por tan solo 10 euros habrá espectáculos muy accesibles como por ejemplo “Casa de dos puertas, mala es de guardar” a cargo de Manuel Canseco y que retoma el Calderón de la Barca más sarcástico.

Mucho más que un festival de teatro

El festival es algo más que lo puramente teatral, posee un componente extra que es la propia localidad. Por un mes, Almagro se transforma en un espacio escénico inmenso, más de 21 lugares acogerán funciones teatrales y otras manifestaciones artísticas, y esta cualidad le imprime carácter singular, un pedigrí que según Hernández “no puede ser superado por otras ciudades europeas como Edimburgo y Aviñón que también acogen grandes festivales de teatro. Pero un festival de teatro clásico del Siglo de Oro como éste no lo hay en el mundo y por eso tenemos que estar orgullosos” sentencia Hernández quien se torna ojiplático cuando describe el asombro que Almagro despierta en visitantes de Japón, China, América “no se lo terminan de creer” añade.

Porque Almagro y su festival ya son una aleación en toda regla, una referencia internacional en el ámbito teatral, una cita ineludible, de ahí que la organización, toda pícara ella, haya realizado catas en ciudades europeas como Nápoles, París y en países como Alemania. Abrir el apetito, que prueben estos manjares y si luego quieren repetir que vengan a Almagro.

Así pues, arranca una XXXI edición más femenina que nunca. En el merchandising que la organización del festival ha preparado, destacan unas chapas con el lema “Yo soy clásica” que se reparten preferentemente a las mujeres y a ver quién es el guapo que les lleva la contraria. Y por poner un pero, el espacio que parece irrecuperable, desde la óptica escénica, es el Claustro de los Dominicos. Al ser una propiedad del Obispado de Ciudad Real, la iglesia no está por la labor de cederlo al festival, lo cual no desequilibra a Emilio Hernández que en un tono aséptico afirma “cuando quieran ofrecerlo nuevamente, lo estudiaremos”. Sin complejos porque el festival ya es toda una mujer.