Edición mensual - Octubre 2006 - Historia

Cartas desde Toledo

La escultura urbana en Puertollano (XXI)

José D. Delgado Bedmar

Nº 179 - Historia

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Tal y como hemos tenido ocasión de comprobar en las entregas de los meses precedentes, la que pudiéramos considerar “feliz” década de los años sesenta del pasado siglo comenzaba en Puertollano con la construcción de un monumento, el de los llamados “Héroes Cabañero”, que, a pesar de que se caracterizaba por poseer una muy fuerte carga ideológica, venía a suponer un nuevo modo de entender el arte y su “utilidad”, muy diferente a cualquier otro de los que se habían hecho en la localidad en la década precedente, en la que primó sobre todo el decorativismo y el localismo.

En efecto: por más que el hecho que derivase finalmente en la construcción del monumento no tuviera un carácter local (la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando), hemos de recordar que se trataba de una obra que, ubicada en el mismo corazón de la ciudad (Plaza del Ayuntamiento), sede del poder político y administrativo de la misma, rendía un homenaje de toda una colectividad a unos muy concretos caídos en la Guerra Civil, reconocimiento que, por lo demás, debía inscribirse en una conmemoración de carácter nacional como era la de los “XXV Años de Paz”, que en nuestra ciudad también dejaron el nombre a un centro educativo, como así mismo ocurrió con los “Héroes Cabañero”.

Pues bien: a pesar de estas muy concretas connotaciones del monumento (singularización de los individuos homenajeados dentro del colectivo de caídos, expresión pública de la ideología imperante, adhesión a una celebración nacional) y del clasicismo que deliberadamente había buscado su autor, Joaquín García Donaire, en realidad eran muy pocas las diferencias formales presentes en este monumento con las de otros muchos que en esos mismos años se hacían por toda España con orientaciones e intenciones bien diferentes, pues a pesar de todo, no mostraba por parte alguna símbolos religiosos, bélicos o políticos, excepción hecha de unos muy “discretos” yugo y flechas falangistas, que podría decirse que pasaban casi desapercibidos dentro del conjunto.

En este sentido, parecidas características “asépticas” tendrá un nuevo monumento, al que sólo habrá que esperar cinco años más para que llegue a nuestro paisaje urbano. La iniciativa partió de nuevo desde el ayuntamiento de la localidad, a cuyo frente estaba desde mediados de 1965 un nuevo alcalde, que había venido a sustituir a Don Emilio Caballero Gallardo: Don Millán Aguilar Mazarro.

Se trataba en esta ocasión de conmemorar “otro” 25 aniversario de carácter nacional, en este caso el de la creación de la Empresa Nacional “Calvo Sotelo” (ENCASO), que tanta importancia tuvo para el desarrollo posterior a todos los niveles de nuestra localidad, y para ello se concibió realizar un reconocimiento público y perenne a la figura de la persona que se reconocía como la más directamente “responsable” del feliz acontecimiento, pues estaba al frente del Instituto Nacional de Industria cuando fue creada: Don Juan Antonio Suanzes Fernández.

Personalidad muy significada del Régimen, Juan Antonio Suanzes era paisano y tenía prácticamente la misma edad que Francisco Franco, pues había nacido en El Ferrol el 20 de mayo de 1891, en el seno de una familia de larga tradición marinera. Estudió la carrera de ingeniería naval, de cuya primera promoción formó parte, pasando luego a ser ingeniero supernumerario de la Sociedad Española de Construcción Naval y a dirigir los astilleros de Cartagena y El Ferrol, lugar este último en el que se construían antes de la guerra los cruceros de los tipos “Baleares” y “Canarias”.

Comenzada la guerra civil (de cuyos primeros acontecimientos escapó indemne por verdadero milagro), Franco le nombró Ministro de Industria y Comercio en su primer gobierno, cargo que desempeñó desde el 31 de enero de 1938 al 9 de agosto de 1939, pasando con posterioridad a desempeñar la dirección de la empresa de Construcciones e Industrias Navales Militares y, en 1941, a poner en funcionamiento y presidir el que fue llamado Instituto Nacional de Industria (INI).

Bajo esta presidencia, y durante los primeros tiempos del periodo autárquico, el INI se aprestó a transformar la vida económica y técnica nacional, creándose monopolios estatales tan importantes a partir de entonces como Campsa, Renfe, Construcciones Aeronáuticas (CASA), CETME, Endesa, Tabacalera o la ENCASO, empresa esta última que quedó constituida oficialmente por escritura pública el 24 de noviembre de 1942 y distribuyó su actividad en tres grandes complejos industriales: los de Tarragona, Puentes de García Rodríguez y Puertollano, aprovechando en nuestro caso la destilación de las pizarras bituminosas que se encontraban en nuestro subsuelo para obtener los hidrocarburos que tan necesarios eran para el desarrollo de la industria nacional.

Pasados los tiempos de máxima penuria de la inmediata posguerra, el 20 de julio de 1945 Suanzes volvió a ser nombrado Ministro de Industria y Comercio, en un nuevo periodo que finalizaría justo seis años después, el 19 de julio de 1951, siendo sustituido entonces por Don Joaquín Planell Riera, que sería ministro durante más de una década, hasta que, en julio de 1962, fue sustituido a su vez por Gregorio López Bravo.

Fueron años éstos del segundo mandato de Suanzes como ministro de una gran pobreza en todos los sentidos, que hicieron que se intentase solucionar los problemas prácticos a los que se enfrentaba la producción industrial española mediante la adaptación o sustitución de la tecnología extranjera, a la que no se tenía acceso por el bloqueo económico al que las potencias vencedoras en la II Guerra Mundial sometieron a la dictadura del general Franco.

Tras este nuevo periodo al frente del ministerio, Juan Antonio Suanzes volvió en 1951 a retomar la presidencia del INI, ocupando además a partir de entonces numerosos cargos honoríficos (Inspector del Cuerpo de Ingenieros Navales de la Armada, Presidente de la Escuela de Organización industrial) y siendo Procurador en las Cortes franquistas hasta 1963, año en el que culminó su larga trayectoria pública con la obtención del título de “Marqués de Suanzes” que le otorgó Franco en el momento de su despedida, a los setenta y dos años de edad.

Pero no fue el monumento que se le hizo en nuestra ciudad en 1967 el único reconocimiento público que recibió Suanzes de Puertollano: en el año 1962 se celebró por todo lo alto el XX aniversario de la fundación del INI y de la ENCASO, que contaba ya por aquel entonces con más de 4.000 trabajadores en el centro de trabajo de nuestra localidad. El 3 de diciembre de ese año, el alcalde, Don Emilio Caballero Gallardo, impuso en un Gran Teatro rebosante de asistentes la Medalla de Plata de la Ciudad a Don Joaquín Planell Riera (a quien se le había concedido por acuerdo plenario siendo Ministro de Industria, en el lejano año de 1953, y que lo había dejado de ser unos meses antes, pasando seguidamente a presidir el Banco de Crédito Industrial) y también a Don Juan Antonio Suanzes Fernández, que hay que recordar que era el Presidente del INI cuando se constituyó la Empresa y también lo era entonces en su segundo mandato, nada menos que veinte años después. En un acto revestido de un gran simbolismo, esa misma mañana, a sus respectivas esposas, Doña Teresa Rodríguez del Valle y Doña Joaquina Mercader, les fueron impuestos sendos escapularios con la medalla de Camareras de Honor de la Virgen de Gracia.

En nuestra entrega del próximo mes continuaremos tratando del proceso de creación del monumento al Marqués de Suanzes. Hasta entonces.